Flow states

 Cuando se “fluye”.


¿Hay alguna actividad que te cautive? 

¿Has perseguido una meta que te haya llevado a concentrarte tanto que has olvidado que el tiempo y el espacio existen, y lo has hecho tan bien que podrías asegurar que has trascendido en tu desarrollo humano?



En el amplio legado de conocimientos de las ciencias conductuales existe un concepto popularmente difundido por la peculiaridad de la experiencia, me refiero a los famosos “Flow states”, término que podría traducirse como “estados de flujo” o “fluir” al realizar una acción.


“Flow” se describe como un “estado óptimo en el performance de alguna actividad, caracterizado por un desempeño fluido y preciso, con aguda concentración en la tarea hasta el punto de disociarse del tiempo y otras tendencias”, que puede ser experimentado por cualquier persona al realizar prácticamente cualquier actividad (Gold et al. 2020). Fue utilizado por primera vez por el psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi, considerando las condiciones que lo provocan o favorecen, como el equilibrio entre los retos u oportunidades de acción, y las habilidades individuales sujetas a objetivos claros y bien definidos, orientados por un feedback o retroalimentación inmediata. Su origen se localiza en reportes históricos datados en centurias, en los que se mencionan experiencias con características similares, principalmente de tipo religioso y espiritual, sin embargo se ha observado en actividades como la negociación, el deporte, videojuegos, música, arte en general y prácticas meditativas incluyendo yoga. 




Como concepto tuvo sus inicios en postulados humanistas como las “experiencias cumbre” del psicólogo Abraham Maslow; ha sido observado por diversas culturas en diferentes regiones del mundo, evidenciandolo en expresiones como “estar en la zona”, o en el “momento”. Antiguamente, civilizaciones como la helénica reconocían diferentes estados del tiempo según sus usos y efectos en la vida humana, recurriendo a la deidad “Kairós” para describir los momentos de la vida en los que las habilidades, situaciones y oportunidades convergen favoreciendo a las personas.




Igual que Kairós o “las oportunidades en la vida”, los estados de “flujo” o “Flow”, se experimentan con poca frecuencia, debido a que dependen del equilibrio entre desafíos y habilidades desarrolladas en un entorno favorable, aunque puede suceder en cualquier actividad que dependa de nuestra práctica o experiencia.


Para ilustrarlo, Mihaly desarrolló un modelo parecido al de la activación “arousal” que menciono en la publicación sobre “estrés y ansiedad” que puedes consultar en el enlace que aparece en la esquina superior de tu pantalla. Su modelo explica los estados de cambio progresivo que dependen de variables como el nivel del desafío y el nivel de habilidades individuales, pasando progresivamente por estados como apatía, aburrimiento, la activación “arousal” optimizada y “sensación de control” hasta alcanzar el famoso “Flow”. (Gold et al. 2020)

 



Para que el fenómeno suceda, las actividades en cuestión deben incluir una serie de criterios específicos, como diversos aprendizajes y desarrollo de habilidades, orientados por metas claras y específicas además de un feedback o retroalimentación inmediata y libre de ambigüedades. Según el autor, estos criterios garantizan una sensación de control de la realidad por la comprensión clara de lo que debe hacerse en cada momento y la mejor manera de realizarlo.  


Los estados Flow están influidos, determinados o caracterizados por alguno de los nueve componentes que se enlistan a continuación (Gold et al. 2020):


  1. Metas u objetivos claros y bien definidos en los que las expectativas y las reglas son discernibles y las metas pueden cumplirse a través de un set o conjunto de habilidades desarrolladas o en desarrollo.

  2. Niveles altos de concentración en un campo limitado de atención. Una persona comprometida con la actividad tendrá la oportunidad de enfocarse y profundizar en ella.

  3. Fusión de la autoconsciencia o sentido de uno mismo con la consciencia de la acción.

  4. Sentido del tiempo distorsionado en el que la experiencia subjetiva de su paso se altera o se congela.

  5. Retroalimentación clara e inmediata. Los aciertos y las fallas son advertidos durante el performance, lo que permite realizar las adaptaciones conductuales necesarias para mejorar en el momento. 

  6. Balance entre el nivel de habilidades y desafíos.

  7. Sensación de autocontrol durante la actividad. 

  8. La actividad es autotélica, es decir que realizarla es la recompensa o gratificación principal e inmediata, esto provoca que el esfuerzo que se aplica al realizarla sea imperceptible.

  9. La persona se encuentra absorta en la actividad; el foco de atención se reduce o se limita a ella.




Entre los factores que pueden influir este tipo de experiencias se ha observado que el nivel de las habilidades desarrolladas se relaciona con la intensidad con que se experimenta el flow, y que la importancia que asignamos a la actividad puede determinar la intensidad con que se experimenta el fenómeno (Gold et al. 2020)


El mismo autor de esta teoría comprobó mediante estudios que el fenómeno ocurre con mayor frecuencia durante actividades profesionales que durante actividades recreativas; que el optimismo y el miedo al fracaso también influyen en la probabilidad de experimentarlo; además, se ha observado que quienes enfrentan un desafío con mayor esperanza de éxito tienen más probabilidad de alcanzar el estado “Flow” en comparación con aquellos cuyo temor al fracaso es mayor durante el performance (Gold et al. 2020).


En un estudio en el que las personas participantes, se dedicaban tiempo parcial y completo a la música, se observó una conexión significativa entre la frecuencia de ejecución de sus instrumentos y los momentos en que alcanzaban la atención plena al hacerlo, atención asociada a estos estados. En el mismo estudio se reporta que situaciones como el estado financiero y la falta de desafíos al habituarse a ciertos repertorios inhibían la experiencia o reducían significativamente su posibilidad de suceder (Gold et al. 2020)





Por otro lado, se ha observado que haber experimentado los “Flow states” o saber sobre su existencia genera una expectativa de que sucedan, que puede aprovecharse como fuente de motivación e incluirse en las técnicas de sugestión que favorecen su activación (Gold et al. 2020)


Cuando una persona experimenta los estados Flow se puede asumir que su desempeño se encuentra en el punto máximo de optimización posible en ese momento; que experimenta niveles de concentración intensa; sensaciones de alegría o plenitud; alta eficiencia conductual y creativa.También, es probable que las recompensas intrínsecas asociadas con la experiencia aumenten la eficiencia del aprendizaje, así como un mejor recuerdo de la experiencia y la probabilidad de buscar que suceda con mayor frecuencia, lo que implica buscar niveles cada vez más altos de complejidad en los desafíos y una mejora constante de las habilidades necesarias para superarlos.




Psicometría e imagenología

Para estudiar el fenómeno se ha recurrido a diferentes métodos y técnicas de estudio; en psicometría por ejemplo, se han diseñado estudios cualitativos que incluyen entrevistas y cuestionarios; cuantitativamente se han diseñado escalas como la “Escala de Estado de Flujo (FSS) de Jackson y Marsh (1996)” que considera el flow como un "grado" de flujo en un continuo y lo operacionaliza transformando sus nueve elementos en dimensiones: “equilibrio desafío/habilidad”, “retroalimentación inmediata”, “motivación intrínseca”, “sentido de control”, “objetivos claros”, “percepción alterada del tiempo”, “pérdida de autoconciencia”, “concentración en la tarea” y “experiencia autotélica” (Garzón Mosquera, J. C., Araya Vargas, G. A. y Soto, G. 2020). En esta escala la intensidad de la experiencia de flujo aumenta a medida que la puntuación de cada uno de los nueve elementos lo hace también, y puede usarse para representar la calidad de la experiencia como un nivel de intensidad del flujo dentro de la actividad. (Gold et al. 2020)




Entre las múltiples técnicas psicofisiológicas e imagenológicas que se han desarrollado para observar y medir estados Flow y experiencias similares como la hipnosis y la atención plena, se ha recurrido a electrocardiogramas; electroencefalografías y conductancia de la piel; análisis de biomarcadores como cortisol y alfa amilasa (Gradl et al. 2019); y  técnicas de neuroimagen como la “Resonancia Magnética Funcional (RMF)” y la “Espectroscopía Funcional de Infrarrojo Cercano (fNIRS)” (Gold et al. 2020).



Entre las observaciones y los resultados que se han obtenido a través de estos estudios, en un review sobre el rol de las neurociencias en la investigación de los estados Flow en el mundo moderno, los autores mencionan hipótesis y modelos de procesamiento de la información como los “sistemas de procesamiento de la información explícitos e implícitos” y la hipótesis de “hipofrontalidad transitoria (THH)” que se refiere a una modificación  en la actividad electroquímica del cerebro en la que se desactivan momentáneamente algunas regiones típicamente activas, distribuyendo dicha actividad en el resto del cerebro, favoreciendo conexiones que inducen estados emocionales óptimos, inhibidos por procesos cognitivos predeterminados por experiencias pasadas (Gold et al. 2020)




Otro autor propuso un modelo para explicar el Flow como resultado de una transición descendente entre los sistemas de procesamiento explícitos hacia los implícitos (Dietrich 2003 en Gold et al. 2020).  Los sistemas de procesamiento implícitos y explícitos explican por un lado el procesamiento cognitivo automático, intuitivo, veloz e irreflexivo, descrito como “automático sistema 1”; por otro lado, el sistema meticuloso, lento, analítico y reflexivo, caracterizado como “esforzado sistema 2” en la obra "Pensar rápido, pensar despacio" de Daniel Khaneman, misma que mencioné en la serie sobre “pensamiento humano”.




También se ha propuesto que durante los estados de flujo, las funciones ejecutivas explícitas de la corteza frontal se inhiben, reduciendo la interferencia del procesamiento explícito característico de la autoconciencia y auto reflexión; liberando recursos para el sistema de procesamiento implícito y accionando un procesamiento automático de la información durante el performance o actividad. Esta hipótesis ha sido probada a través de técnicas de neuroimagen como el electroencefalograma en pruebas de aritmética, videojuegos y memoria; a través de resonancia magnética funcional en pruebas de aritmética, y espectroscopía de infrarrojo cercano en tests de fluidez verbal (Gold et al. 2020).


Otra teoría que intenta explicar el Flow es la “teoría de la sincronización de flujo” que se centra en los procesos de atención regulados por la corteza frontal y parietal como los estados de “alerta consciente” en los que intervienen la “red de atención dorsal” que controla nuestra atención de manera estratégica para dirigirla a un objetivo específico; los campos oculares y las funciones ejecutivas. Entre los estudios que respaldan esta teoría se ha recurrido a la observación mediante resonancia magnética funcional en actividades lúdicas como los videojuegos, demostrando activación principalmente en las regiones vinculadas con la atención y la recompensa, como lo plantea la teoría, misma que por sus características fue considerada como una categoría de aprendizaje implícito en el que la práctica de la actividad y las experiencias durante el performance favorece más la consolidación de aprendizajes que las instrucciones verbales (Gold et al. 2020)




Una característica observada durante las investigaciones fue que los estados “Flow” requieren haber adquirido un nivel básico de habilidades mediante una práctica dedicada para que el sistema de procesamiento implícito cuente con una serie de patrones aprendidos, especializados e independientes que den resultados óptimos. Este aprendizaje de respuestas automatizadas requiere periodos de tiempo considerables para que la memoria de trabajo transfiera los patrones de respuesta al sistema de procesamiento implícito. La adquisición de habilidades es generalmente  lenta y compleja, pero se vuelve automática con una práctica constante y frecuente (Gold et al. 2020).


Para poder realizar varias tareas de forma casi simultánea es necesario haber adquirido un aprendizaje implícito en al menos una de ellas; se considera que los sistemas de procesamiento implícitos son más eficientes que los explícitos (Gold et al. 2020)



  

Se ha observado que el cuerpo estriado dorsal está asociado con este tipo de aprendizaje implícito automatizado, además de una fuerte influencia dopaminérgica, también se ha observado aumento en el volumen de esta estructura, posterior a un periodo de adquisición de habilidades en una tarea de videojuegos. Según los autores del artículo (fuente principal de información de esta presentación) el cuerpo estriado tuvo un desarrollo temprano en la evolución humana por su ubicación central en el encéfalo (Gold et al. 2020).


En estudios comparativos con electroencefalografía, entre personas expertas y novatas en disciplinas como tiro con arco, golf y halterofilia se ha observado predominio de las ondas cerebrales de tipo alfa durante los performances de las personas expertas. Este tipo de ondas están relacionadas con la calma mental, la integración de la mente con el cuerpo y el apredizaje (Gold et al. 2020).




La estimulación transcraneal de corriente continua (tDCS) se ha utilizado tratando de alcanzar una comprensión más clara de los procesos neurocognitivos involucrados en los estados Flow. La técnica es una forma no invasiva de estimulación cerebral que altera la excitabilidad cortical en función de la dirección del flujo de corriente; en ella la estimulación anódica aumenta la excitabilidad cortical en la región de colocación de los electrodos mientras que la estimulación catódica inhibe la excitabilidad neuronal de la región (Gold et al. 2020)


El nivel de modulación de la actividad neuronal depende de la densidad de corriente que se rige por elementos como su intensidad y la variabilidad de los electrodos. La duración de sus efectos depende de la duración de la estimulación; se ha demostrado que los efectos de la excitabilidad pueden durar hasta 60 minutos después de terminar la estimulación. Ha sido aplicada en el tratamiento clínico de enfermedades como parkinson y dolor crónico, demostrando mejoría en procesos cognitivos como la memoria de trabajo, el aprendizaje visomotor y categórico; en la adquisición de habilidades y detección de amenazas (Gold et al. 2020)




En un par de estudios recientes en los que se aplicó este tipo de estimulación se observó un incremento significativo en la intensidad del Flow al resolver ejercicios de aritmética y jugar videojuegos, reflejando patrones particulares en la actividad neuronal que podrían inducir los estados de flujo; mostrando un desplazamiento de la actividad neuronal, que se aleja de una región, para incrementar la actividad “alfa” en la corteza frontal, asignando más recursos neuronales a los procesos visoespaciales, incrementando su rendimiento (Gold et al. 2020).


Otra tecnología que se piensa podría estimular los estados de flujo es la estimulación transcraneal de corriente alterna que se dirige hacia una frecuencia específica y ha demostrado ser efectiva en la intervención de redes neuronales, para mejorar el rendimiento cognitivo en pruebas de razonamiento espacial y memoria de trabajo (Gold et al. 2020).



Si bien,  todas estas tecnologías favorecen el fenómeno y facilitan su estudio, la evidencia de su experimentación en diferentes épocas en varias regiones del mundo demuestran que para experimentar el flow basta con tener metas relevantes, que tengan gran importancia a nivel personal; un ambiente favorable, y la disposición a desarrollar las habilidades necesarias para superarlas, considerando los planes y programaciones implicadas. Alcanzar el flow en una o varias de nuestras actividades no solo es promotor del bienestar; se convierte en una fuente de motivación constante y un recurso fundamental en los procesos de resiliencia humana, debido a que la práctica de una actividad con tal potencial para alterar el funcionamiento de nuestro sistema nervioso, probablemente beneficia otros fenómenos como la plasticidad neuronal pero ese será tema para otro video.




Si tienes alguna aportación sobre el tema me gustaría mucho leerte en la sección de comentarios; puedes comunicarte en privado escribiendo un mensaje en cualquiera de las redes sociales del canal, o escribir a la dirección de correo electrónico a.psicopsic@gmail.com.

Si llegaste hasta aquí, ¡gracias! que experimentes muchos Flows en la vida y que tus atletas favoritos coincidan con Kairós en estas olimpiadas.

REFERENCIAS

 

Gold J, Ciorciari J. A (2020) Review on the Role of the Neuroscience of Flow States in the Modern World. Behav Sci (Basel). Sep 9;10(9):137. doi: 10.3390/bs10090137. PMID: 32916878; PMCID: PMC7551835.


Garzón Mosquera, J. C., Araya Vargas, G. A. y Soto, G. (2020). Análisis de las propiedades psicométricas de la escala breve de flujo en estudiantes universitarios de Costa Rica que practican actividades físico-deportivas diversas. Educación Física y Deporte, 39(2), XX-XX. DOI: http://doi.org/10.17533/udea.efyd.v39n2a09


Gradl, Stefan & Wirth, Markus & Mächtlinger, Nico & Poguntke, Romina & Wonner, Andrea & Rohleder, Nicolas & Eskofier, Bjoern. (2019). The Stroop Room: A Virtual Reality-Enhanced Stroop Test. 1-12. 10.1145/3359996.3364247. 


































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