Sobre la alimentación
En psicología existen áreas de estudio que se especializan en el análisis de la relación entre la alimentación y los fenómenos mentales, como la “psicología de la alimentación” o la “psico nutrición”. Una persona especialista en el área estudiará a nivel individual o colectivo los fenómenos relacionados con las necesidades humanas en los temas específicos de la conducta alimentaria. Ya sea que tu propósito sea cambiar un hábito, detectar y atender algún trastorno o mejorar tus habilidades en la educación y el aprendizaje nutricional, puedes orientarte a través de los conocimientos generados por esta especialidad, consultando directamente a las y los especialistas, o recurriendo a las fuentes de información especializadas.
La conducta alimentaria está determinada por aspectos biológicos, psicológicos y socioculturales; puede definirse como el conjunto de no comportamientos relacionados con la ingesta de alimentos, incluyendo hábitos, preferencias, cantidades, preparación, consciencia del hambre y saciedad, entre otros, que suelen estar influidos o condicionados por el ambiente, las experiencias y el aprendizaje. Tanto los hábitos como las prácticas relacionadas con la alimentación suelen adquirirse y desarrollarse de acuerdo con un ambiente sociocultural determinado en el que las personas responsables de la alimentación infantil desempeñan un papel fundamental en la educación y transmisión de las pautas alimenticias. (Ossorio, Jessica; Weisstaub, Gerardo; Castillo, Carlos 2002)
Fisiológicamente la alimentación es inducida por señales internas y externas que condicionan la selección e ingesta de alimentos, como señales metabólicas y sensoriales que son procesadas por redes de neurotransmisión en las que participa el hipotálamo, una estructura implicada en el sistema límbico, responsable del procesamiento emocional, lo que explica que nuestra alimentación esté tan relacionada con nuestras emociones. También mencioné esta estructura en el video sobre las filias, explicando que forma parte de un circuito cerebral conocido como “circuito de placer”, involucrado en las actividades que más disfrutamos y, en algunos extremos, en el desarrollo de trastornos mentales como parafilias y adicciones; al experimentar algo placentero solemos repetir la conducta que provocó la sensación, lo que resulta lógico al brindarnos ese beneficio, sin embargo existe un fenómeno conocido como habituación en el que nuestro organismo se acostumbra a dicho beneficio; entonces es necesario aumentar la dosis del alimento, sustancia, emoción o actividad para percibir nuevamente la sensación placentera. Por estas razones, en lo que a la alimentación respecta, los sentidos del gusto y el olfato tienen un papel determinante; cualquier alteración sensorial como las alteraciones olfativas y gustativas que se experimentan en fenómenos como la “sinestesia” o los síntomas de la reciente pandemia por covid pueden alterar nuestro comportamiento. (Betley 2021)
En el artículo: “Desarrollo de la conducta alimentaria y sus alteraciones” la y los autores explican que los alimentos que se ingieren durante la infancia tienen un gusto básicamente dulce, ocasionalmente ácido, y que progresivamente vamos integrando otros sabores como el salado, hasta incorporar los alimentos con sabor amargo; que pasamos de la lactancia, alimentación semejante para todas las personas en el mundo, al consumo de alimentos basados en la cultura a la que pertenecen la familia y el grupo social cercano. (Osorio, Weisstaub, Castillo 2022)
Una persona adulta elegirá la alimentación infantil de acuerdo con su educación, valores, creencias, costumbres, símbolos, representaciones y economía. En un ambiente en el que la robustez corporal sea asociada con la fortaleza, la salud y la vitalidad, podría priorizarse la cantidad de alimentos que se ingieren sobre su valor nutricional; o, en un ambiente dogmático podría ser incuestionable la restricción sobre cierto tipo de alimentos, el momento en que se consumen, y/o la relación que tienen con el placer humano.
La amplia diversidad de aspectos que matizan la alimentación humana nos permite suponer los procesos evolutivos a los que se ha visto sujeta y la cantidad de fenómenos que pueden afectarla, desde la escases o ausencia de cierto tipo de alimentos, hasta la compleja variedad de motivos por los que podríamos rechazarla aun disponiendo de alimentos en abundancia; cuando esto sucede, corresponde a las y los profesionales de la salud y comportamiento humano estudiarlo y atenderlo.
La Organización Mundial de la Salud y la Asociación Americana de Psiquiatría, a través de sus respectivas clasificaciones de enfermedades, definen los trastornos de la conducta alimentaria como:
“Comportamientos anormales vinculados con la alimentación que no pueden explicarse por otra afección de salud y que no son apropiados para el nivel de desarrollo del individuo, ni congruentes con las normas culturales…” (OMS 2023)
La gravedad de estos trastornos es que pueden derivar en complicaciones de salud mortales como inanición, desnutrición extrema, anemia, palpitaciones, pérdida de cabello, masa ósea, caries, esofagitis y amenorrea o interrupción de la menstruación; en el caso de la obesidad se observa relación con diabetes y presión arterial elevada.
A largo plazo pueden implicar disfunciones cognitivas y deterioro del sistema nervioso, como disminución del volumen cerebral. Aislamiento social y conflictos familiares; dificultades para fortalecer el autoconcepto, autoestima, y capacidad de autonomía.
Los trastornos de la conducta alimentaria suelen estar vinculados a trastornos depresivos, obsesivo-compulsivos y de ansiedad; la depresión suele ser consecuencia de la desnutrición. También pueden estar relacionados con conductas impulsivas como autolesiones, abuso de sustancias, pensamientos e intento suicida (López y Treasure 2011)
Entre los Factores que predisponen el desarrollo de los trastornos de la alimentación se encuentran:
Rasgos de personalidad con tendencia a padecer estrés/ansiedad; rasgos obsesivos y/o fóbicos.
Dificultades o trastornos durante el sueño. /
Predisposición genética.
Trastornos hormonales y diferentes tipos de trastornos mentales.
Acontecimientos traumáticos como procesos de duelo, violencia extrema y/o abuso sexual.
Entre los factores ambientales y sociales:
Las relaciones sociales, tanto familiares, como grupo de pares o amistades y relaciones románticas o sexuales vinculadas con la alimentación, por ejemplo, una familia que limita su convivencia a los momentos en que se ingieren alimentos, reforzará las asociaciones de tipo afectivo exclusivamente con la comida, a diferencia de otras cuya prioridad sean otro tipo de actividades.
Relaciones sociales disfuncionales.
Recibir constantemente comentarios despectivos por parte de las figuras de apego, el grupo de pares o amistades y las figuras de admiración en determinada etapa o situación también influyen en el desarrollo de estos trastornos.
El nivel socioeconómico; existen familias que por cubrir diferentes tipos de necesidades limitan el consumo y/o la calidad de sus alimentos.
Información nutricional disponible en el ambiente. Un ejemplo puede observarse en la iniciativa de la secretaría de salud mexicana, al etiquetar los productos de la industria de alimentos para facilitar la interpretación de las tablas nutrimentales.
Sociedades que relacionan el éxito con una estética en particular.
Y la tendencia social a seguir dietas extremas sin asesoría especializada (Gaceta 2014)
Entre los indicadores más evidentes del desarrollo de los trastornos alimentarios se considera el Índice de Masa Corporal - IMC definido por la Organización Mundial de la Salud como el indicador de la relación entre peso y talla que se obtiene dividiendo el peso, entre la estatura elevada al cuadrado: IMC = Kg/(m²); esta medida permite clasificar el estado corporal de una persona entre las categorías “Normal” (IMC ≤ a 24) con “Sobrepeso” (IMC ≥ a 25) u “Obesidad” (IMC ≥ a 30) (OMS 2023) considerando algunas variaciones dependiendo de la edad de la persona u otras características.
Además de esta medida, entre los indicadores de desarrollo también se consideran signos y síntomas como:
Evitación evidente y deliberada de la ingesta de alimentos ligada a una evidente pérdida de peso.
Autoinducción del vómito.
Expresiones sobre una percepción corporal distorsionada, en la que el cuerpo se percibe más grande o delgado, con sensaciones constantes de tener sobrepeso u otra alteración morfológica.
Actividad física compulsiva (es decir se observan dificultades o angustia para detener el ejercicio físico).
Consumo de fármacos sin prescripción para provocar purgas intestinales.
Entre los tipos de conducta que pueden observarse cuando uno de estos trastornos se desarrolla se encuentran:
Conductas Restrictivas.
Conductas Compensatorias.
Conductas De atracón – purga.
Conductas en las que se mastica y expulsa el alimento.
Y conductas más complejas que establecen patrones restrictivos, purgativos y compulsivos en conjunto.
Por su gravedad, los trastornos de la alimentación catalogados por las clasificaciones de enfermedades tanto de la Organización Mundial de la Salud como de la Asociación Americana de Psiquiatría son:
Pica
Se observa en personas que consumen materiales o sustancias no nutritivas ni asociadas con la alimentación, como arcilla, tierra, tiza, yeso, plástico, metal y papel, o ingredientes de alimentos crudos, por ejemplo, grandes cantidades de sal o harina.
Para diagnosticar este trastorno, la conducta debe ser persistente, por lo menos durante un mes, y lo suficientemente grave para requerir atención clínica por representar y/o producir daños a la salud y deterioro en el funcionamiento, o riesgos significativos debido a la frecuencia, la cantidad o naturaleza de las sustancias u objetos ingeridos. (APA 2014; OMS 2023)
Se diagnostica en personas cuyo desarrollo les permite distinguir entre sustancias comestibles y no comestibles (a partir de los 2 años aproximadamente) que no presentan otro tipo de trastorno que pudiera explicar mejor el comportamiento como algún trastorno del neurodesarrollo, ni pertenecen a grupos socioculturales donde la conducta resulte común, sea normativa o forme parte de sus expresiones. (APA 2014)
Trastorno por rumiación o regurgitación
El trastorno por rumiación o regurgitación se observa en personas que tienden a regurgitar los alimentos, es decir que devuelven lo que tragan para volver a masticarlo y deglutirlo, o expulsarlo de la boca sin presencia de vómito ni el padecimiento de enfermedades gastrointestinales y enfermedades relacionadas.
Se diagnostica cuando la conducta se presenta varias veces por semana en un periodo mínimo de un mes; puede estar asociado con otros trastornos como anorexia, bulimia y trastornos del neurodesarrollo como los trastornos del desarrollo intelectual. (APA 2014; OMS 2023)
Trastorno evitativo o restrictivo de la conducta alimentaria
Se observa en quienes evitan o restringen la ingesta de alimentos mostrando falta de interés aparente por ellos, desagrado y evitación por sus características como el olor o la consistencia, o por las consecuencias orgánicas del acto de comer como defecar. Entre las consecuencias de este trastorno pueden presentarse niveles graves de desnutrición; pérdida de peso significativa, deficiencias en el desarrollo infantil, necesidad de recibir suplementación nutritiva por vía oral o alimentación por sonda; dificultades significativas en el funcionamiento personal, familiar, social, educativo, ocupacional u otras áreas importantes; una persona con este trastorno podría experimentar angustia elevada al tener que participar en actividades sociales que involucren comer. (APA 2014; OMS 2023)
A diferencia de otros trastornos, este patrón de conducta alimentaria no está motivado por preocupaciones sobre el peso, la talla o la figura.
La restricción y evitación de alimentos, sus efectos sobre el peso y otros aspectos de la salud o el funcionamiento no se deben a carencias económicas o poca disponibilidad de alimentos, ni a prácticas culturales o socialmente aceptadas; no es una manifestación de otra afección médica como alergias e intolerancias alimentarias, hipertiroidismo u otros trastornos mentales como anorexia o bulimia; tampoco es causa de los efectos de sustancias o medicamentos que afectan el sistema nervioso central, o de su abstinencia. (OMS 2023)
Anorexia nerviosa
Cuando se desarrolla, quienes la padecen presentan peso corporal bajo en extremo en comparación con el que deberían tener según sus características personales: IMC inferior a 18,5 kg / m2 en adultos y el IMC para la edad por debajo del percentil 5 en niños y adolescentes.
Exhiben patrones de comportamiento persistentes en los que evitan aumentar de peso y talla, a través de comportamientos restrictivos; comportamientos purgativos como vómito autoinducido, uso y abuso de laxantes; comportamientos destinados a incrementar el gasto energético como el ejercicio compulsivo y, referencias o muestras constantes de miedo o aversión intensa al aumento de peso y talla. (OMS 2023)
También pueden observarse alteraciones en la percepción morfológica corporal y referencias sobre la importancia de este en el desarrollo personal. (APA 2014)
Puede ser de tipo restrictivo, en el que la pérdida de peso se debe principalmente al ayuno, la dieta y ejercicio excesivo. O de tipo con atracones/purgas, en el que al menos durante los últimos tres meses se han presentado episodios recurrentes de atracón compensado por conductas purgativas (autoinducción de vómito; uso de laxantes, diuréticos y/o enemas sin prescripción) (APA 2014)
Por su gravedad puede considerarse (APA 2014):
Leve: IMC ≥ 17 kg/m²
Moderado: IMC 16 – 16,99 kg/m²
Grave: IMC 15-15,99 kg/m²
Extremo: IMC < 15 kg/m²
Bulimia nerviosa
Se caracteriza por episodios de atracones frecuentes y recurrentes, que se experimentan por lo menos una vez a la semana o más durante el período mínimo de un mes.
Un atracón se caracteriza por sensaciones de pérdida de autocontrol sobre la alimentación, dificultad o incapacidad para detener la alimentación; limitar la cantidad y/o el tipo de alimentos que se ingieren en un lapso aproximado de dos horas, ingiriendo cantidades de alimento exageradas, más abundantes de lo habitual o para la circunstancias. (APA 2014 y OMS 2023)
Los atracones van acompañados de comportamientos compensatorios, con la intención de prevenir el aumento de peso, como autoinducción del vómito, uso o abuso de laxantes o enemas, y/o actividad física extenuante o compulsiva. Al menos una vez a la semana en un periodo mínimo de tres meses.
Igual que en el trastorno de anorexia nerviosa, en la bulimia se observa preocupación excesiva por la forma del cuerpo, su talla o peso, afectando la autopercepción de quien la padece, lo que se refleja en comentarios descalificantes sobre la apariencia, capacidades y estima. (APA 2014)
Quienes desarrollan este trastorno pueden experimentar angustia ante la consciencia del patrón de atracones y comportamientos compensatorios; deterioro significativo a nivel personal, familiar, social, educativo, ocupacional u otras dimensiones vitales. (OMS 2023)
La gravedad de este trastorno depende de la frecuencia con que se recurre a los comportamientos compensatorios que pueden derivar en la discapacidad funcional de la persona, clasificándose como: (APA 2014):
Leve: Cuando ocurren entre uno y tres episodios de comportamientos compensatorios a la semana.
Moderado: Cuando ocurren entre cuatro y siete episodios de comportamientos compensatorios a la semana.
Grave: Cuando ocurren entre nueve y trece episodios semanales.
Extremo: Cuando ocurren catorce o más comportamientos compensatorios a la semana.
Trastorno por atracón
El trastorno por atracón se caracteriza por episodios frecuentes y recurrentes de atracones alimenticios que se experimentan una vez o más a la semana durante un periodo mínimo de tres meses; producen malestar intenso y sentimientos de culpa.
Estos episodios están asociados a tres o más de las siguientes características:
Comer más rápido de lo normal.
Comer en exceso hasta provocar malestar.
Consumir cantidades abundantes de alimento sin sensación de hambre.
Alimentarse a causa de la vergüenza o la culpa que se siente por la cantidad de alimentos que se ingiere.
Depresión, disgusto o vergüenza posterior al atracón.
Este trastorno incluye un tipo de atracón alimenticio conocido como “craving” que se caracteriza por el consumo compulsivo de alimentos dulces o especialmente ricos en carbohidratos, suele observarse en algunos tipos de depresión como el trastorno disfórico premenstrual y está relacionado con los cambios hormonales que suceden en el organismo en cada etapa de nuestro ciclo.
A diferencia de la bulimia nerviosa, los atracones no son seguidos regularmente por comportamientos compensatorios destinados a prevenir el aumento de peso y pueden producirse sin el desarrollo del trastorno de bulimia nerviosa.
El desarrollo de este trastorno puede provocar deterioro significativo en las áreas de funcionamiento personal, familiar, social, educacional, ocupacional u otras áreas importantes. (OMS 2023)
Otros trastornos especificados del comportamiento alimentario y los
Trastornos del comportamiento alimentario sin especificación.
Se determinan cuando se presentan los síntomas de uno o varios trastornos alimentarios que provocan malestar significativo a quien los experimenta, afectando su desempeño social, laboral u otras dimensiones de la vida sin cumplir completamente los criterios para recibir un diagnóstico específico, por ejemplo, cuando se observan los síntomas de la anorexia nerviosa, sin embargo, el peso de la persona resulta normal, o se cumplen los criterios de bulimia nerviosa pero la frecuencia de los atracones o comportamientos compensatorios resulta más baja de la establecida; o, cuando los síntomas se presentan en situaciones específicas como el “síndrome de ingestión nocturna de alimentos”. Los trastornos del comportamiento alimentario sin especificación se determinan cuando en definitiva no se cumplen los criterios para establecer un trastorno específico o cuando no se dispone de la información suficiente para diagnosticarlo como pudiera suceder en las áreas de urgencias médicas. (APA 2014)
Existen algunos trastornos con mayor propensión a relacionarse con los trastornos de la alimentación como el trastorno dismórfico corporal de los trastornos obsesivo compulsivos; trastornos depresivos y los trastornos del sueño – vigilia por su incidencia en el desarrollo de la obesidad.
Entre los factores de riesgo para desarrollar los trastornos de la conducta alimentaria se consideran (Carretero et al 2009):
Antecedentes personales y familiares de obesidad.
Rasgos de personalidad relacionados con el perfeccionismo y la obsesión, e Insatisfacción con la imagen corporal.
Obsesión con la delgadez.
Etapa del ciclo vital, la adolescencia se considera la etapa con mayor riesgo para desarrollar los trastornos alimentarios.
Dificultades psicosociales como desconfianza e inseguridad social.
Prevención, atención, diagnóstico y tratamientos
Entre los principales elementos de prevención del desarrollo de estos trastornos se privilegia la educación en temas de autocuidado y nutrición; una formación sólida en temas de salud elementales o básicos favorece los procesos de toma de decisiones y el establecimiento de límites cuando la salud personal se encuentra en riesgo por influencias ambientales como las relaciones interpersonales.
Puede ser que los periodos prolongados de estrés te impulsen a consumir determinado tipo de alimento y que la carencia de información nutricional respecto a los alimentos que eliges y sus efectos en el organismo expliquen la ausencia de tu “percepción de riesgo”; en consecuencia, la ausencia de actitudes que te conduzca a realizar otro tipo de elección.
Los estilos de crianza que cuidan las asociaciones afectivas que se establecen con los alimentos también son un factor determinante en la prevención de estos trastornos, como evitar utilizar la alimentación para condicionar otras conductas o actividades, hubo una época en la que se recurría a la comida para premiar o castigar la conducta infantil.
Para diagnosticar y atender este tipo de trastornos es necesaria la participación de equipos multidisciplinarios que incluyan atención médica, nutricional y psicoterapéutica, individual, grupal y/o familiar dependiendo de la gravedad y necesidades de cada situación.
Psicometría
En psicometría se han desarrollado diversas pruebas para diagnóstico e investigación sobre la conducta alimentaria como el test de Edimburgo “Bulimic investigatory test Edinburgh – BITE” (Henderson, Freeman 1987 en Carretero et al 2009) que analiza los síntomas y severidad de la bulimia nerviosa y puede utilizarse para identificar los casos desarrollados en la población general; El autoinforme de actitudes sobre imagen corporal “Body shape questionnaire” que mide las alteraciones actitudinales en la imagen corporal como la insatisfacción y preocupación por el peso; (Cooper, Tayler, Cooper y Fairburn 1987) o el inventario de desórdenes alimentarios “Eating disorder inventory - EDI” (Garner 1991 en Carretero et al 2009) que evalúa algunos rasgos psicológicos vinculados a la patología alimentaria.
En el departamento de psicometría de la Facultad de Ciencias de la Conducta de la Universidad Autónoma del estado de México, existe un catálogo de instrumentos disponibles para consulta y aplicación que incluye pruebas como:
Acoso y violencia escolar (AVE)
Autoconcepto forma – A (AFA)
Evaluación de la insatisfacción con la imagen corporal (IMAGEN)
Entrevista para síndromes psiquiátricos en niños y adolescentes (CHIPS)
Inventario de trastornos de la conducta alimentaria versiones 2 y 3 (EDI2 y EDI3)
Tratamientos con evidencia empírica de efectividad
En psicoterapia se ha observado que el modelo de entrevista motivacional facilita la atención y tratamiento de este tipo de trastornos, debido a que favorece la adherencia al tratamiento y permanencia, además la capacitación en el manejo de este tipo de entrevista permite que las familias y circulo social cercano apoyen el proceso de recuperación en cada uno de los tratamientos. Esta técnica promueve la modificación conductual a partir de la relación que se establece con las y los terapeutas; se ha utilizado en atención ambulatoria, principalmente en tratamientos de adicciones y trastornos alimentarios. (CIJ 2013; López y Treasure 2011)
En general los tratamientos centrados en el grupo nuclear o familiar han obtenido evidencias de efectividad en la recuperación de estos trastornos, como los procesos derivados del método Maudsley (López y Treasure 2011), un tratamiento familiar que habilita a las madres y padres para mantener un rol activo durante el tratamiento bajo supervisión terapéutica profesional. Se desarrolla en periodos de medio año hasta un año de duración, con sesiones semanales programadas que incluyen una comida familiar guiada en la que se observan e identifican las pautas familiares en torno a la alimentación. Las fases de este método incluyen:
- Fase 1 – Restauración del peso.
- Fase 2 – Devolver el autocontrol sobre la alimentación.
- Fase 3 – Establecimiento de una identidad saludable.
Fue desarrollado para atender el trastorno de anorexia nerviosa, sin embargo, ha sido aplicado con éxito en los tratamientos para Bulimia nerviosa, Atracones, obesidad infantil, adolescentes y personas mayores.
Actualmente la lista de tratamientos respaldados por revisiones de la división doce de la Asociación Americana de Psiquiatría (APA 2014) se encuentra en actualización; revisiones previas incluían la Terapia cognitivo conductual entre los tratamientos con evidencia empírica de efectividad; otras fuentes también privilegian los tratamientos psicoterapéuticos como la psicoterapia interpersonal y las terapias de grupo.
Existen prácticas basadas en mindfulness como la “alimentación consciente” que integran las conductas alimentarias a las dimensiones del bienestar humano, sin embargo, la humanidad como especie gregaria siempre estará sujeta a los procesos socioculturales de su época; para aportar al Insight en cuanto a nuestros hábitos alimenticios podríamos reflexionar al cuestionarnos:
¿Cuánta influencia tienen nuestras opiniones sobre otras personas? y en sentido contrario ¿cuánta influencia tienen las opiniones de otras personas sobre nuestras decisiones? Alguien a quien admiramos podría ser determinante en la elección de nuestra alimentación y conductas relacionadas.
Si tienes alguna aportación sobre el tema me gustaría mucho leerte en la sección de comentarios; para consultar el texto y las referencias de la información que te comparto dirígete al enlace de la entrada más reciente del Blog. Puedes contactarme a través de las redes sociales del canal o escribiendo a la dirección de correo electrónico que aparece en tu pantalla. Si llegaste hasta aquí ¡muchas gracias! Que tengas un hermoso día y que tus conductas alimentarias sean diversas, variadas, disfrutables y muy saludables.
REFERENCIAS
APA (2014) Guía de consulta de los criterios de diagnóstico del DSM-5 Estados Unidos. American Psychiatric Publishing.
Carretero, Anna; Sánchez, Luis; Rusiñol Jordi; Raich, Rosa; Sánchez, David (2009) Relevancia de factores de riesgo, psicopatología alimentaria, insatisfacción corporal y funcionamiento psicológico en pacientes con TCA. Clínica y salud vol. 20 no. 2 Consultado en junio del 2023 en: https://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1130-52742009000200004
CIJ (2013) La entrevista motivacional. Elementos para su aplicación. Pp. 0 - 38 Dirección de tratamiento y rehabilitación. Subdirección de consulta externa. Centros de día, México. Disponible online para descarga en formato PDF.
Organización Mundial de la Salud (2023) Clasificación Internacional de Enfermedades CIE-11. Consultada en: https://icd.who.int/browse11/l-m/es
Organización Mundial de la Salud (2023) Obesidad y sobrepeso. Consultado en junio del 2023 en:
Gaceta del senado de la República Mexicana (2014) Día internacional de la lucha contra los trastornos alimenticios. Disponible en:
https://www.senado.gob.mx/65/gaceta_del_senado/documento/46930
Centro nacional de equidad de género y salud reproductiva (2004) Guía de trastornos alimenticios. Secretaría de Salud, Guadalajara, México (Puedes solicitármela)
López, Carolina; Treasure, Janet (2011) Trastornos de la conducta alimentaria. Revista médica clínica Las Condes. vol.22 pp. 85 - 97 Consultado en junio del 2023 ehttps://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0716864011703960n
Ossorio, Jessica; Weisstaub, Gerardo; Castillo, Carlos (2002) Desarrollo de la conducta alimentaria en la infancia y sus alteraciones. Revista Chilena de nutrición Vol. 29 no. 3 Consultado en junio del 2023 en http://dx.doi.org/10.4067/S0717-75182002000300002
Betley JN. (2021) Eliminating the "Hanger" from Hunger. N Engl J Med. 2021 Nov 18;385(21):2005-2007. doi: 10.1056/NEJMcibr2111841. PMID: 34788513. Imagen de SAVALnet (2021) Las neuronas del hambre. Ciencia y medicina - progresos médicos. Consultado en junio del 2023 en: https://www.savalnet.cl/cienciaymedicina/progresosmedicos/las-neuronas-del-hambre.html


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