Estrés y Ansiedad
Introducción
Estrés y ansiedad, son palabras que escuchamos con frecuencia, principalmente para referirnos a los estados de tensión física y emocional que experimentamos ocasional o continuamente. La mayoría de las personas tenemos al menos una idea sencilla de lo que tanto estrés como ansiedad significan y provocan en nuestras vidas.
La palabra estrés, del término en inglés stress se refiere a un estado de tensión en el organismo provocado por las condiciones del ambiente interno y externo; puede utilizarse para hablar de fenómenos que se experimentan a nivel celular u orgánico como el estrés oxidativo; a nivel individual o colectivo como el estrés psicológico, cognitivo o emocional; o el estrés que se produce en otras especies por las características de su hábitat y el manejo que se les da.
Un estresor o estímulo estresor puede ser cualquier característica, condición o elemento del ambiente que provoca efectos fisiológicos en el organismo, que se reflejan en estados de tensión. El estrés o estresor puede ser perceptible o imperceptible, y puede tener diferentes fuentes o naturalezas, como la concentración elevada de alguna molécula o partícula como el sodio; alguna característica física como bajas o altas temperaturas, una etapa del ciclo vital como la infancia o la vejez, una situación social como un conflicto, situaciones familiares, vecinales, escolares, laborales u otras; condiciones médicas como las enfermedades o discapacidad, y psicológicas o cognitivas como nuestra percepción.
Estrés y Distrés
Todos los seres vivos experimentamos estrés; es necesario para mantenernos con vida y superar ciertas etapas o condiciones del ambiente. Algunas personas incluso pueden disfrutarlo al realizar deportes extremos o de alto impacto, ver películas u obras teatrales de terror y suspenso.
Por sus efectos y características puede clasificarse como “eustrés” cuando nos es posible responder con eficacia y favorece nuestra adaptación al ambiente, y como “distrés” cuando es prolongado y supera nuestra capacidad para afrontarlo, provocando una sobrecarga en el organismo que deteriora los estados de salud y bienestar, provocando a grandes rasgos irritabilidad, tendencia al enojo, fatiga constante, malestar físico, mayor propensión y tendencia a desarrollar diversas enfermedades; dificultades cognitivas y emocionales. (Lisandro Vales 2011)
Cuando un estresor se presenta, activa una serie de respuestas fisiológicas en el organismo; si este es perceptible, el individuo que lo experimenta hará uso de sus recursos físicos y cognitivos para determinar el grado de amenaza que implica y responder a través de conductas como la evitación, lucha o huida. Esta evaluación consciente, semiconsciente o inconsciente del estresor puede magnificar o contener la respuesta fisiológica activada por la aparición del estresor al inicio. (Oros 2002)
Imaginemos que estás en un safari, en el santuario de alguna especie salvaje o en un zoológico, caminas distraídamente y a tu lado aparece la cabeza de un felino de los grandes, tu primera reacción puede ser apartarte de un salto, por lo menos inclinar el cuerpo hacia atrás para tomar distancia, seguramente sería una reacción espontánea y sin pensar; con la distancia ganada te das cuenta de que el animal se encuentra tras una reja o vitrina reforzada y que sólo te acercaste demasiado a ella; tu conciencia de la protección que te brinda la reja te permite relajarte, incluso harías uso del recurso de la risa para liberar la tensión o el estrés de la situación.
Fisiología del estrés
Teoría de la activación cortical o Arousal
La teoría de la activación cortical o arousal explica que mientras estemos con vida existirá actividad fisiológica en nuestro organismo que será regulada por la excitación encefálica, principalmente en regiones como el córtex, la formación reticular, el hipotálamo y el sistema límbico, variando su intensidad entre niveles mínimos de excitación o activación durante estados de consciencia como el sueño, a máximos, durante las actividades que realizamos después de despertar; lo que nos permite aprovechar nuestros recursos corporales en actividades intensas, pero en ocasiones esta excitación puede superar nuestra capacidad de actuar provocandonos agotamiento y angustia o ansiedad. (Cerezo. 1990)
A diferencia del estrés, la angustia o ansiedad está relacionada con un sesgo en la interpretación de los estímulos estresantes y su prolongación después de que el estímulo estresor desaparece. Se identifica con la presencia de preocupaciones excesivas que pueden presentarse o perdurar en ausencia de estresores; con síntomas muy parecidos al distrés, en la ansiedad también puede observarse irritabilidad, dificultad para concentrarse, sudoración excesiva, palpitaciones y sensación de sofoco y mareo, especialmente durante los llamados “ataques de pánico”. (APA. 2020)
Los diferentes tipos de trastornos relacionados con estados de angustia o ansiedad fueron considerados en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales “DSM-5”, por su etiología y patofisiología, como trastornos inducidos por estrés y el circuito de miedo, entre ellos se describe el trastorno de ansiedad generalizada, el trastorno de ansiedad inducido por sustancias o medicación, trastorno de ansiedad debido a enfermedad médica, trastorno de ansiedad por separación, mutismo selectivo, fobia específica, trastorno de ansiedad social, trastorno de angustia, agorafobia y otros trastornos de ansiedad especificados y no especificados para considerar aquellos que no cumplen completamente con todos los criterios de diagnóstico.(Feliú. 2014)
Retomando la teoría de activación cortical o arousal, al respecto los psicólogos Robert Mearns Yerkes y John Dillingham Dodson realizaron investigaciones en el área de psicología comparada, descubriendo que los niveles de excitación moderada favorecían el rendimiento de sus sujetos de estudio, pero que, al aumentar considerablemente la intensidad del estímulo, estos presentaban dificultades para continuar y abandonaban la actividad tratando de escapar. A partir de sus observaciones establecieron una ley o principio: la “Ley de Yerkes y Dodson”, que explica la relación dinámica entre la activación arousal y el desempeño de los sujetos durante cualquier actividad. Una actividad sencilla implica niveles bajos de arousal, la activación arousal aumenta con la dificultad de las actividades hasta alcanzar un nivel óptimo, observable en el desempeño eficiente del sujeto, pero al sostenerse o incrementar este nivel de activación, el desempeño del sujeto se deteriora hasta que la actividad es abandonada por completo debido a una incapacidad para continuar. (Crespo. 2006)
La ley de de Yerkes y Dodson ha sido aplicada en áreas como psicología del deporte, recurriendo a mediciones de diferentes tipos como bioquímicas, motoras y psicométricas para observarle.
Eje Hipotálamo-Hipófisis-Adrenal
La ciencia explica que cuando un estresor aparece se activan varias respuestas fisiológicas en nuestro cuerpo, que son reguladas principalmente por el eje Hipotálamo-Hipófisis-Adrenal, que está integrado por estructuras del sistema nervioso que regulan y controlan respuestas conductuales como permanecer inmóvil, huir o luchar, a través de la secreción de neurotransmisores hormonales. (Lisandro Vales 2011)
En este eje se activan grupos de neuronas que regulan funciones como el ciclo circadiano, activando e inhibiendo la producción de hormonas glucocorticoides como el cortisol. En el video sobre terapias asistidas con animales mencioné que cuando el cortisol se acumula en el organismo puede producir efectos psicofisiológicos como irritabilidad e insomnio. (Lisandro Vales 2011)
La sobreproducción de glucocorticoides tiene como propósito elevar los niveles de glucosa para utilizarla en caso de emergencia, pero las concentraciones crónicamente elevadas afectan regiones y funciones cerebrales como el “hipocampo” responsable de los principales procesos de memoria, o el sistema inmune, que previene enfermedades y participa en los procesos de curación, provocando dificultades cognitivas y favoreciendo el desarrollo de diversas patologías. (Vales. 2011)
El Hipotálamo está conectado con el sistema nervioso autónomo y el sistema endocrino a través de la hipófisis. Cuando se presenta un estresor, el hipotálamo interactúa con el sistema nervioso simpático, sistema que nos prepara para la acción liberando epinefrina y norepinefrina, incrementando funciones vitales como la captación de oxígeno, la frecuencia cardíaca y respiratoria, el flujo sanguíneo, la tensión muscular y la sudoración; eriza la piel, mejora la agudeza visual dilatando las pupilas, e inhibe la digestión y la función renal para ahorrar energía que pueda aprovecharse en caso de tener que actuar. (Vales. 2011)
El fisiólogo Hans Selye, durante su ejercicio como médico e investigador descubrió que sin importar las características de los estímulos adversos, el organismo de algunos mamíferos respondía de la misma manera “estereotipada”; a este patrón le llamó “síndrome general de adaptación”, ante el que elaboró un modelo que describía, en tres etapas universales, la respuesta general, de un organismo en condiciones de estrés (Bértola 2010):
Reacción de alarma → Resistencia → Agotamiento
- Primera fase: Durante la reacción de alarma la frecuencia cardiaca, vasodilatación y sudoración aumentan por la secreción de norepinefrina, incrementando los procesos de atención; se liberan glucocorticoides para asegurar que el nivel de glucosa en sangre aporte la energía necesaria al organismo para reaccionar.
- Segunda fase: Si la reacción de alarma se sostiene y el estímulo persiste, los órganos estabilizan su función, generando una resistencia a los efectos fisiológicos.
- Tercera fase: La resistencia prolongada genera una acumulación excesiva de hormonas agotando al organismo por la imposibilidad de aprovechamiento, lo que representa un riesgo grave, incluso fatal para la salud del individuo.
Después de desarrollar su modelo el Dr. Hans utilizó por primera vez el término stress, que fue adoptado a nivel mundial para referirse a los fenómenos relacionados con estos efectos, que, insistiendo en algo que ya mencioné, son bien aprovechados cuando nuestra respuesta conductual al huir o luchar provoca su consumo, estabilizando los niveles de concentración hormonal, pero en muchos estilos de vida actuales huir o luchar ya no suele ser necesario, pocas veces los estresores representan un peligro real, sin embargo, la activación fisiológica sigue siendo la misma que si lo fueran, acumulandose en nuestro sistema; por esta razón se recomienda tanto el ejercicio físico como actividad para compensar su consumo. (Bértola 2010)
Tipos de distrés:
Según el estresor, su duración y sus efectos en el organismo, el distrés puede identificarse como agudo o crónico, y cuando este último alcanza un nivel tan elevado que resulta incapacitante, se puede observar el síndrome conocido como Burnout.
Estrés agudo. Puede beneficiar la adaptación y supervivencia del individuo ya que favorece las funciones de atención y memoria, nos permite superar retos y dificultades como terminar un proyecto o salir de una situación complicada pero si se excede puede provocar confusiones y olvidos. Se presenta ante estresores repentinos y pasajeros; provoca sensaciones de angustia y ansiedad que desaparecen en periodos cortos y pueden ser atendidas fácilmente a través de técnicas de relajación como respiración profunda, ASMR, meditación, relajación muscular y ejercicio. Entre los ejemplos más comunes se encuentran situaciones como discusiones, los límites para entregar actividades escolares o laborales y situaciones inesperadas como romper o averiar accidentalmente objetos importantes (Thorn. 2019 y Lupien. 2009)
Estrés crónico. Se observa cuando el estresor y sus efectos se acumulan durante periodos prolongados, interrelacionandose y estableciendo un ciclo difícil de interrumpir que deteriora la salud física y mental del individuo, quien puede presentar síntomas como dolor de cabeza frecuente, fatiga constante, tensión y dolor muscular, malestar estomacal, problemas digestivos, incluso vómito; afecciones cutáneas como acné y dermatitis; caída de cabello o alopecia, enfermar con frecuencia y presentar propensión a enfermedades cardíacas; dificultad para dormir y/o desarrollar otros trastornos del sueño, deterioro cognitivo que incluye dificultad para concentrarse, recordar y aprender; irritabilidad y malestar emocional; intensificación de síntomas de enfermedades y trastornos ya presentes. (Thorn 2019)
Cada persona responde de forma particular a las situaciones de estrés, por esta razón pueden observarse diferencias en los niveles de tolerancia a las situaciones que determinan el desarrollo de estrés crónico.
En investigación con animales se ha descubierto que el estrés crónico causado por el mismo estresor puede generar un efecto de habituación, disminuyendo la respuesta de estrés en el individuo, pero su reactividad ante cualquier otro estresor podría incrementar, lo que significa que el organismo se vuelve hipersensible. En el caso de los seres humanos también se presenta este fenómeno de habituación e hipersensibilidad. Alguien que se ha habituado a algún estresor crónico presentará mayor agresividad al responder ante estresores espontáneos. Una persona que experimenta estrés cotidiano por conflictos en su relación de pareja posiblemente se habitúe a él, pero al presentarse una situación de conflicto en su trabajo la respuesta al estrés se desborda magnificando la reacción de la persona ante el conflicto laboral. (Lupien. 2009)
Los efectos del estrés crónico forman parte de las razones por las que en países de todo el mundo se legisla para determinar los periodos de descanso laboral mínimos que las y los empleadores deben otorgar a su personal, así como las compensaciones en caso de no cumplirlos.
Síndrome de desgaste ocupacional - Burnout. El psicólogo clínico Herbert Freudenberger, utilizó el término “burnout” para describir la falta de interés y desmotivación que observaba en personas voluntarias después de cumplir con su actividad durante dos o tres años (Rodríguez y Rivas. 2011).
Actualmente forma parte de la lista de enfermedades ocupacionales de la Organización Mundial de la Salud; clasificada en la CIE-11, como síndrome de desgaste ocupacional, descrito como:
“ un síndrome conceptualizado como resultado del estrés crónico en el lugar de trabajo que no se ha manejado con éxito. Se caracteriza por tres dimensiones: 1) sentimientos de falta de energía o agotamiento; 2) aumento de la distancia mental con respecto al trabajo, o sentimientos negativos o cínicos con respecto al trabajo; y 3) una sensación de ineficacia y falta de realización…” (OMS. 2022)
Como la clasificación lo menciona, el Burnout aparece cuando los efectos del estrés crónico alcanzan un nivel tan elevado que incapacitan al individuo para realizar sus actividades cotidianas. Nuestro cerebro tiene un tope en sus funciones y colapsa al rebasarlas, como cuando tratamos de atender o resolver varias situaciones a la vez. La multitarea o multitasking puede ser una ventaja adaptativa, hasta que el estrés se excede y la presencia de varios estresores simultáneos entorpecen nuestras habilidades para sobrellevarlos. (Lupien. 2009)
Aunque en la CIE-11 se menciona que este síndrome no debe aplicarse para describir experiencias en otras áreas de la vida, la Asociación Americana de Psicología ha publicado un artículo en el que se menciona que este síndrome se ha observado también en roles de cuidado parental. (APA. 2021)
El Burnout puede ser la causa de fenómenos sociales como aumento en el índice delictivo, agresión y abuso, deserción escolar, rotación y absentismo laboral.
Trastorno de estrés postraumático. Se desarrolla cuando el estresor crónico o agudo tiene características impactantes, atemorizantes o dolorosas, que son difíciles o imposibles de asimilar para el individuo. Entre los principales síntomas del trastorno pueden observarse malestar psicológico como angustia incontrolable, evocación frecuente de la situación traumática, hipervigilancia, aislamiento social, desapego, alteraciones del sueño, irritabilidad, pérdidas de memoria y dificultad para concentrarse. Cuando este trastorno se desarrolla durante la infancia también pueden observarse dificultades de lenguaje y pérdida de control de esfínteres. Estos síntomas pueden ser prolongados y en la mayoría de los casos provocan deterioro significativo en el funcionamiento personal, familiar, educativo, ocupacional y otras áreas importantes. (OMS, 2022 y Vales, 2011)
En algunos análisis neurobiológicos se ha observado que las personas diagnosticadas con este trastorno pueden presentar disminución en el volumen del hipocampo, dificultando la capacidad del individuo para inhibir respuestas conductuales condicionadas por la situación traumática, como estremecerse ante algún sonido, contraer ciertos músculos o emitir determinados sonidos. (Vales. 2011)
Además de la clasificación del estrés, los estresores pueden considerarse absolutos o relativos dependiendo del tipo y nivel de amenaza que representan, por un lado los estresores absolutos son aquellos que representan una amenaza real para la supervivencia y bienestar del individuo, suelen ser situaciones nuevas, impredecibles, incontrolables o atemorizantes, como el ataque de un depredador, falta de espacio, exceso de ruido u otra condición física del ambiente que provoque malestar; accidentes, despido laboral, crisis económica, enfermedad y duelos, son ejemplos de este tipo de estímulo estresor. Por otro lado los estresores relativos por sí mismos no amenazan la vida, integridad y bienestar de quien se expone a ellos, y los efectos del estrés que provocan dependen más de características particulares del individuo como su temperamento, personalidad, flexibilidad cognitiva, percepción e interpretación de los estímulos, por ejemplo, noticias alarmantes sobre situaciones ajenas al entorno inmediato del individuo y diversas situaciones interpersonales.
Existe mucha información basada en evidencias sobre las herramientas más efectivas y saludables para disminuir los efectos nocivos del estrés, es importante tener en cuenta que existen muchos mitos y creencias populares sobre algunas prácticas para atenderlo, como beber o fumar, que pueden resultar más dañinas o riesgosas, y que al no solucionarlo, impiden o retrasan la búsqueda de soluciones efectivas como el cambio de hábitos y el apoyo profesional.
Entre las recomendaciones saludables para atender el estrés de forma personal, se encuentran:
Tratar de eliminar el estresor o disminuir sus efectos realizando algunos cambios, fomentar el apoyo social en situaciones que pueden resultar estresantes. Mantener una alimentación saludable y actividad física regular, practicar actividades relajantes aún en momentos de tensión que es cuando más se abandonan; procurar el descanso y actividades placenteras que también suelen abandonarse; convivir con la naturaleza; reflexionar sobre nuestras ideas y pensamientos, replanteandolos cuando resultan más exigentes de lo que podemos soportar, cuando no coinciden con la realidad, o no existe una situación real que los sustente y buscar apoyo profesional o especializado. (Thorn. 2019)
En la serie sobre Biophilia y restauración psicológica menciono algunos efectos benéficos para la salud humana, al exponerse a entornos naturales y convivir con diferentes especies de flora y fauna, puedes consultarlo en el canal de YouTube o aquí mismo, consultando la entrada con ese nombre.
Si tienes alguna aportación sobre el tema me gustaría mucho leerte en la sección de comentarios, también puedes escribir al correo electrónico: a.psicopsic@gmail.com, y dejar mensaje en cualquiera de las redes sociales. Si llegaste hasta aquí, ¡gracias! y que tengas un hermoso día.
REFERENCIAS
American Psychological Association (2020). What’s the difference between stress and anxiety? http://www.apa.org/topics/stress/anxiety-difference
American psychological association (2021). The impact of parental burnout. What psychological research suggests about how to recognize and overcome it. Vol 52 no. 7 p.36.
Bértola, Diego (2010) Hans Selye y sus ratas estresadas. Medicina universitaria. vol.12 núm. 47 pp. 142-143 Consultado en Elsevier.
Crespo, Julia (2006) Descripción de la incidencia de las variables ambientales en centros de educación infantil. Innovación educativa. Santiago de Compostela, 2006, n. 16 ; p. 299-31
Dorado, Claudia; Ruggeri, Concepción; Rivas, Selva (2003) estrés oxidativo y neurodegeneración. Revista de la facultad de medicina de la UNAM vol.46 no.6 consultado en Researchgate.
Lisandro Vales (2011) Capítulo 21. Manual de bases biológicas del comportamiento humano. Universidad de la República p.177
Lupien, Sonia (2009) Capítulo “La receta para el estrés” Serie REDES. Agencia planetaria s.a. Consultado en :https://www.rtve.es/play/videos/redes/redes-receta-para-estres/607452/
Feliú, M. T. (2014). Los Trastornos de Ansiedad en el DSM-5. Cuadernos de medicina psicosomática y psiquiatría de enlace, (110), 62-69.
Organización Mundial de la Salud (2022) Clasificación Internacional de Enfermedades CIE-11. Consultada en: https://icd.who.int/browse11/l-m/es
Oros, Laura (2002) Estrés y variables moderadoras de la percepción de la amenaza. Centro Interamericano de Investigaciones Psicológicas y Ciencias Afines Buenos Aires, Argentina, vol. 19, núm. 2, pp. 159-183. Disponible en Redalyc.
Rodríguez Raquel; Rivas Sara (2011) los procesos de estrés laboral y desgaste profesional (burnout): diferenciación, actualización y líneas de intervención. Publicación de medicina y seguridad en el trabajo. Madrid Consultado en enero del 2020 en: https://scielo.isciii.es/pdf/mesetra/v57s1/actualizacion4.pdf
Thorn, Beverly (2019) Healthy ways to handle life’s stressors. American Psychological Association. Consultado en enero 2022 en https://www.apa.org/topics/stress/tips
Ureta, J. J. (1990) Control del Arousal en el deportista. INFORMACIÓN PSICOLÓGICA (42), 21-26.
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