Desarrollo del lenguaje

 Entre la voz y el habla

Yo pensaba que el lenguaje antecede al pensamiento, debido a experiencias personales en las que me he descubierto recordando lo que dije anteriormente y he dudado entre reír o llorar, pero la ciencia nos ha demostrado que la percepción puede ser engañosa y que aquello que se identifica con el sentido común puede ser falso, así que acudí a ella para aclararme esa idea configurada por mi “experiencia”.

El lenguaje y el pensamiento son dos de los procesos neurocognitivos más significativos para nuestra especie, gracias a ellos establecemos vínculos con otras personas, integramos sociedades, descubrimos el mundo y lo explicamos; desarrollamos cultura, disfrutamos de los beneficios de la tecnología y las virtudes del arte. 

Existen diferentes tipos de lenguajes como el musical, matemático, programático, pictórico, mímico, oral y escrito; en general “lenguaje” se describe como una capacidad comunicativa de naturaleza universal en la especie humana que depende de la integración de aspectos físicos, fisiológicos y psíquicos, tanto a nivel individual como social. Esta capacidad se estudia a través de diferentes disciplinas y sus respectivos enfoques, principalmente la lingüística.

Dependiendo del enfoque de quien lo estudia, pueden considerarse diferentes aspectos que lo integran; entre los más comunes, los psicólogos Bloom y Lahey (En Barragán, Eduardo; Lozano, Stephany 2011) consideran principalmente contenido, forma y uso.

El contenido del lenguaje depende de procesos neurocognitivos, como la atención, percepción y memoria, a través de los que se asocian y almacenan signos y significados, interrelacionándolos entre sí (semántica).

La forma del lenguaje hace referencia a la gramática, es decir la forma en que los signos (palabras en el lenguaje oral o escrito) se interrelacionan para formar oraciones o enunciados.

Su uso o pragmática se refiere a los propósitos que nos llevan a utilizar el lenguaje y las modificaciones que hacemos dependiendo del contexto en que se utiliza. 

El neurólogo Eduardo Barragán y la especialista en neurolingüística Stephany Lozano (2011), definen “lenguaje” como un sistema de símbolos aprendidos que contienen un significado social; nos dan la habilidad de clasificar experiencias y expresar nuestro mundo interno. Explican que gracias al lenguaje las personas podemos regular gran parte de nuestras conductas, emociones y pensamiento; además, que los diferentes tipos de lenguaje se consideran un recurso básico para la imaginación.

Consideran relevantes los aspectos: fonológicos, sintácticos, semánticos, y pragmáticos.

A través de los aspectos fonológicos se observa la agrupación de fonemas que integran las palabras; los semánticos participan en la comprensión del lenguaje y se refieren a la forma en que agrupamos e interrelacionamos los conceptos para darles un significado; los aspectos sintácticos consideran la forma en que un lenguaje se estructura para formar enunciados; los pragmáticos como mencioné, consideran los usos del lenguaje en un contexto determinado. 

El lingüista y filósofo Ferdinand Saussure describe al lenguaje como una facultad humana que más allá de comunicar, estructura al individuo. Distingue entre la conformación de “La lengua” como una totalidad, y el lenguaje, capacidad que se compone de “La lengua” y el habla. El filósofo, asegura que las personas habitamos el lenguaje, que este pertenece a una condición de la naturaleza humana y nos predispone a la comunicación verbal. (Dolar, Mladen. 2007) El psicoanalista Jaques Lacan aborda esta proposición para explicar que el sujeto o la psique humana está estructurada como un lenguaje.

 Por otro lado, el lingüista Charles F. Hockett enlista varios aspectos del lenguaje, entre los que identifica algunas diferencias que distinguen al lenguaje humano entre los lenguajes de otras especies; la lista incluye (Fernández, Jorge 2007):

  • Canal vocal – auditivo. Casi todas las lenguas crean los mensajes a través de la voz y son recibidas mediante el oído.
  • Transmisión irradiada y recepción direccional. Las ondas sonoras se expanden a través del espacio hasta llegar al receptor que podrá determinar la procedencia del sonido.
  • Desvanecimiento rápido. Los mensajes desaparecen de inmediato emitiendo dinamismo a la comunicación y creación de nuevos mensajes.
  • Intercambiabilidad. Cualquier hablante puede emitir y recibir mensajes intercambiando roles, situación que en otras especies puede ser diferente, como la habilidad de cantar presente solo en los machos de algunas especies como los grillos.
  • Feedback. El hablante es emisor y receptor a la vez de su propio mensaje, propiedad que nos permite comprender el papel que desempeñamos en cada acto comunicativo
  • Especialización.  Los hechos lingüísticos son importantes por las consecuencias que provocan más que por la forma en que suceden, a diferencia de otros códigos animales la producción lingüística consume poca energía
  • Semanticidad. Los códigos animales son semánticos, por ejemplo, los primates huyen ante un grito que indica peligro, determinada danza de las abejas informa sobre una fuente de alimento. El nivel de semanticidad en la especie humana es más alto que el de otras especies.
  • Arbitrariedad. La relación entre un sonido y un fenómeno en el mundo es arbitraria y a esto se debe la pluralidad de lenguajes.
  • Carácter discreto. Si se dividen las señales lingüísticas siempre se obtendrá un número entero, una oración siempre tendrá una cantidad determinada de palabras y ninguna incompleta, las palabras a su vez estarán compuestas de sonidos completos, a diferencia del lenguaje de otras especies que se comunican a través de códigos continuos sin posibilidad de segmentarse en unidades menores por ejemplo la danza de las abejas.
  • Desplazamiento. El lenguaje humano puede expresar información del pasado, presente, futuro, referir realidades o ficciones, describir zonas geográficas cercanas o lejanas, a diferencia de otras especies cuya comunicación es concreta.   
  • Dualidad de estructuras. El lenguaje humano incluye unidades con contenido y expresión (morfemas); y unidades expresivas sin contenido (fonemas) que se entrelazan y superponen para lograr la comunicación economizando al conformar muchos mensajes con pocos elementos.
  • Productividad. Se pueden crear construcciones infinitas con pocas combinaciones gramaticales.
  • Transmisión cultural y tradicional. Para investigadores como Noam Chomsky el lenguaje es un instinto biológico innato codificado en el genoma de nuestra especie; para otros investigadores como el lingüista Charles F. Hockett el lenguaje se transmite culturalmente de generación en generación.
  • Falsedad y prevaricación. Propiedad cognitiva sofisticada que permite engañar a otros intencionalmente a través de la comunicación.
  • Reflexividad. La especie humana desarrolló el único código comunicativo en el mundo capaz de hablar de sí mismo, las gramáticas, diccionarios, los estudios en lingüística y la escritura demuestran que la especie humana es consciente de su lenguaje y reflexiona sobre él. 

Otros autores incluyen aspectos como la Secuencialidad que explica que las emisiones lingüísticas tienden a reproducir el orden de los hechos en el mundo real. Y el Potencial de codificación múltiple que se refiere a la posibilidad de traducir los lenguajes. (Fernández, Jorge 2007)

Con respecto a la psicología el lenguaje permite especular sobre el funcionamiento de la mente; su estudio depende de las aportaciones de otras áreas del conocimiento como biología, neurología o medicina, debido a que su desarrollo, trastornos, pérdida o ausencia, dependen del desarrollo encefálico y sus configuraciones.

La Antropología y la sociología aportan el estudio de la cultura y las interacciones sociales que pautan la conducta de cada comunidad lingüística.

La ingeniería informática y la inteligencia artificial establecen hipótesis sobre el procesamiento cerebral del lenguaje, su recreación y representación.

Los estudios de la evolución humana identifican una relación entre el aumento de la masa encefálica y la adquisición de habilidades que nos llevaron a ser lo que somos actualmente. La supervivencia, generó en nosotros necesidades comunicativas que nos llevaron a establecer sociedades y desarrollar sistemas simbólicos complejos adaptando nuestras anatomías y fisiología. Por ejemplo, expandimos nuestro dominio de los sistemas cerebrales prefrontales y se generaron cambios en los circuitos del sistema motriz que nos permiten articular el habla; factores como la posición de la laringe, la posibilidad de desplazamiento en una posición erguida, la libertad de movimiento en las manos, la aceleración del periodo de gestación y el control neurológico de procesos como el pensamiento y la motricidad, forman parte de las condiciones biológicas necesarias para que desarrolláramos sistemas de comunicación complejos a diferencia de otras especies. (Fernández, Jorge. 2007)

Neurociencias

En la dimensión biológica, la neurolingüística investiga cómo el cerebro posibilita el desarrollo del lenguaje; con respecto a la psicología, el lenguaje evidencia aspectos individuales como el nivel de desarrollo motriz o la calidad afectiva y cultural en los contextos que habitamos. (Fernández Jorge 2007)

Para las neurociencias el desarrollo del lenguaje oral depende de características fisiológicas, cognitivas y sociales:

Entre las características fisiológicas destacan los descubrimientos del médico anatomista Paul Broca y el neurólogo y psiquiatra Carl Wernicke, quienes localizaron la relación entre algunas regiones cerebrales y las funciones lingüísticas. Sus descubrimientos llevaron a considerar el hemisferio izquierdo del cerebro como la región más activa durante el desarrollo de las funciones lingüísticas, principalmente las áreas de Broca y Wernicke, los lóbulos frontal, parietal, occipital y temporal izquierdos, el cuerpo calloso y la circunvolución angular (Fernández, Jorge 2007)

Imagen tomada de Fernández, Jorge (2007)

Uno de los principales conceptos clínicos neurológicos es que la base anatomofuncional del lenguaje se encuentra en el hemisferio izquierdo en el 98% de las personas diestras y en el 70% de las zurdas, pero las investigaciones modernas con resonancia magnética funcional han demostrado que durante el lenguaje ordinario también hay procesamientos efectuados por el hemisferio derecho. Sin embargo, muchos aspectos fisiológicos son aún desconocidos. (Rodríguez, Roberto; Toledo Roberto; Díaz, Mario; Viñas, Marta 2006)

Beatriz Borjas (2007), autora de “Lenguaje y pensamiento”, asegura que se ha comprobado que el hemisferio derecho interviene en capacidades como comprender la entonación lingüística y la sintaxis, dando lugar a una perspectiva holística donde la actividad lingüística es resultado de la participación interdependiente de varias regiones cerebrales.

Entre los mecanismos neurocognitivos que hacen posible el lenguaje intervienen principalmente los procesos de percepción atención y memoria.

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Para producir y comprender el lenguaje es necesario que las personas asumamos un papel activo, recuperando información almacenada en los diferentes tipos de memoria y relacionándolos con los estímulos visuales, auditivos o táctiles que percibimos. (Fernández Jorge. 2007)

Entre algunas de las características que pueden influir en nuestra capacidad y calidad para descifrar un mensaje se encuentran aspectos como la longitud de las palabras, la calidad en la señal acústica o visual, la frecuencia con que se nos presenta una palabra o se recurre a ella, la semejanza entre palabras, el contexto en que se utilizan y fenómenos como el “priming” (puedes consultarlo en la imagen anterior) o el “Logogén” fenómeno que explica que durante los procesos de comunicación, nuestro cerebro realiza hipótesis sobre las posibles palabras que aparecerán a continuación, repasando aquellas que coincidan con las primeras sílabas o con palabras anteriores para acelerar el intercambio lingüístico durante las conversaciones. (Fernández Jorge. 2007)

La comprensión y la producción del lenguaje parecen simultáneas debido a que los procesos neurocognitivos implicados suceden a velocidades tan altas, que la secuencia de procesos resulta imperceptible, por esta razón en ocasiones se producen incoherencias conocidas como “lapsus linguae” durante los que olvidamos lo que íbamos a decir y pronunciamos algo sin sentido. (Fernández Jorge. 2007)

Entre los modelos de adquisición del lenguaje que corresponden con las características sociales puede mencionarse el modelo conductista de adquisición del lenguaje del psicólogo Frederick Skinner, Las hipótesis del lingüista Noam Chomsky, las teorías del desarrollo del lenguaje de Jean Piaget, la propuesta del interaccionismo social de Vygotsky y la propuesta de las inteligencias múltiples de Howard Gardner que incluye una inteligencia lingüística.  

Skinner propuso que el lenguaje se desarrolla durante la infancia a través del ensayo y error del lenguaje que se observa en las figuras parentales; para Skinner el lenguaje filial representa un estímulo que imitamos, y que este acto de imitar se convierte al mismo tiempo en un estímulo reforzador que se irá perfeccionando con la práctica. (Skinner 1957)

Los psicólogos conductistas como Skinner aseguran que aprendemos a hablar de la misma forma que aprendemos otras conductas. La teoría del condicionamiento operante de Skinner plantea que el lenguaje se adquiere mediante asociaciones entre estímulos y respuestas, en las que el refuerzo es un factor determinante. Un ejemplo se encuentra en los balbuceos del bebé que incluyen una gama amplia de sonidos. A través de la interacción con personas adultas, algunos de estos sonidos serán mejor reforzados que otros por lo que continuarán produciéndose, mientras que los menos reforzados desaparecerán. (Barragán y Lozano 2011)

Al considerar que las habilidades lingüísticas se encuentran preinstaladas, el lenguaje de las personas adultas más que un modelo que se imita sería un activador que moviliza los mecanismos naturales que permiten el desarrollo del lenguaje.

Para Noam Chomsky todas las lenguas comparten estructuras profundas e idénticas y se diversifican en la forma externa. De esta perspectiva se deduce que todas las personas desarrollamos el lenguaje durante la infancia partiendo de una gramática universal, y dependiendo de la lengua del entorno familiar posteriormente se desarrollará una gramática particular. (Fernández Jorge. 2007)

Entre las evidencias que apoyan el desarrollo de lenguaje como instinto biológico se menciona su desarrollo temprano; en todo el mundo el lenguaje se adquiere del mismo modo y al mismo ritmo independientemente de la lengua regional o parental, o de fenómenos sociales y culturales; nadie puede decidir “no aprender a hablar” y una vez adquirido, el lenguaje no puede olvidarse ni perderse sin que exista una lesión que lo provoque. No se necesita una práctica constante o saturación de ejercicios para aprender a hablar y su desarrollo es paralelo al desarrollo de otros elementos biológicos como la maduración cerebral y el control psicomotor. (Fernández Jorge. 2007)

Jean Piaget afirmaba que la inteligencia precede al lenguaje y que éste depende de los avances del desarrollo cognitivo (Borjas Beatriz 2007). Durante la infancia las estructuras lingüísticas surgirán si se dispone de fundamentos cognitivos establecidos. (Barragán y Lozano 2011)

Piaget clasificó el desarrollo infantil en etapas operacionales, en las que la operación es una prolongación de la acción de forma interiorizada; puede entenderse como una acción reflexiva que reemplaza las cosas por signos y los movimientos por su evocación. Piaget afirma que la adquisición de pensamiento está relacionada con la adquisición de la función simbólica, de la cual el lenguaje es una manifestación, (pronunciar una palabra implica que hemos retenido la imagen de algún objeto en nuestra memoria, que podemos relacionarlo con otros aspectos u objetos tan simples como el color y que probablemente, también hemos asignado y asociado algún significado para poder interpretarlo). (Borjas Beatriz 2007).

Con respecto al lenguaje, Piaget determinó que alrededor de los 2 años desarrollamos un tipo de pensamiento llamado representacional que nos permite distinguir entre significantes (signos, señales o símbolos) y significados (todo aquello con lo que asociamos y explicamos el signo), y evocar objetos que no están presentes (al escuchar la palabra silla, la señal acústica “silla” es el significante y el significado incluye todo aquello que evocamos al escucharla y que, la mayoría de veces, coincide con lo que otras personas evocan, por ejemplo: que tiene una utilidad y forma específica). Esta capacidad de pensamiento representacional forma parte de la función simbólica y puede observarse cuando utilizamos objetos sencillos para representar otros de mayor complejidad como usar una caja para representar un cochecito y dibujar un garabato para representar un objeto o animal. (Borjas Beatriz 2007) Gracias a esta capacidad simbólica es posible el aprendizaje simultáneo de hechos separados, recordar el pasado, representar el presente y anticipar el futuro.

Aproximadamente entre los siete y los doce años se establece el estadio de las “operaciones concretas”, en el que el razonamiento comprende acciones interiorizadas que pueden revertirse como clasificar, enumerar, medir, situar o desplazar objetos en el tiempo y el espacio.

El pensamiento formal se desarrolla después, en torno a los doce años; se caracteriza por la capacidad de reflexionar e hipotetizar sobre cuestiones abstractas o complejas, este tipo de pensamiento permite una acción separada de lo real. En él el lenguaje adquiere un papel importante debido a que se relaciona con la capacidad para elaborar fases o proposiciones complejas. Cuando se reflexiona acerca de las “operaciones concretas” (acciones interiorizadas que pueden revertirse) se establecen operaciones de segundo grado o formales que se expresan en forma de proposiciones, la lógica y las matemáticas se incluyen en esta forma de pensamiento independizado de la acción. (Borjas Beatriz 2007)

Con el desarrollo de esta “vida mental”, nuestros intercambios con el ambiente dejan de ser directos e incrementan su distancia espacio-temporal. Todo el desarrollo de la vida mental, desde la percepción hasta las operaciones superiores de razonamiento y el pensamiento formal, es resultado de esta distancia que se incrementa con la “asimilación” de realidades y la “acomodación” de estas asimilaciones que ponen distancia a la acción. (Borjas Beatriz 2007)     

Por otro lado, el interaccionismo social de Vygotsky propone que el desarrollo del lenguaje depende de la adquisición de reglas que el niño abstrae de su entorno social y después interioriza. Mientras que para Piaget la capacidad cognitiva se desarrolla antes de surgir la habilidad lingüística, para Vygotsky las funciones de pensamiento, lenguaje y razonamiento se desarrollan y cambian debido a la interacción social y a los influjos contextuales y culturales: “en el desarrollo cultural del niño toda función aparece dos veces, primero a nivel social y más tarde a nivel individual”. Para él todas las funciones superiores se originan por la relación entre seres humanos (Borjas Beatriz 2007). 

El lenguaje interior según Vygotsky     

En el análisis de Vygotsky se incluyen las nociones de cambio y crecimiento a través de las que se explica que inicialmente el lenguaje y el pensamiento tienen un desarrollo independiente y coinciden conforme crecemos. Cerca del segundo año de vida: “el pensamiento deviene verbal y el lenguaje intelectual”.

Para alcanzar este desarrollo es necesario aprender el discurso social hablándolo de forma privada hasta lograr un monólogo interno silencioso. Lo que se habla para sí durante la infancia nos permite entender las situaciones, encontrar la solución a un problema y planificar lo que se hará mientras ejecutamos alguna acción. Así, el lenguaje media entre la acción y el pensamiento.  (Borjas Beatriz 2007)      

Etapas de desarrollo del lenguaje

La adquisición del lenguaje presenta un periodo crítico para su desarrollo, en la especie humana se limita a los primeros cuatro años de vida. El investigador Jorge Fernández (2007) en “Lenguaje cuerpo y mente” menciona algunos casos documentados en los que algunas personas que fueron aisladas y privadas de estímulos durante la infancia presentaron dificultades severas o ausencia definitiva de lenguaje.

La adquisición del lenguaje comienza con el inicio de nuestras vidas; como menciona Chomsky, la capacidad de lenguaje parte de una predisposición genética pero también depende de nuestras capacidades, tendencias conductuales e interacciones con el entorno, incluyendo la convivencia con otras personas.

Durante los dos primeros años de vida su desarrollo se considera un fenómeno transcultural y universal en el que la mayoría podríamos distinguir fonemas como “ba” y “pa” en cualquier lengua; al transcurrir diez o doce meses, debido a la socialización y contexto, esta habilidad se limita a distinguir contrastes únicamente entre los fonemas de la lengua regional. (Barragán y Lozano 2011)

Existen varias clasificaciones para el desarrollo del lenguaje; una que se considera con frecuencia es la clasificación de Benjamin Bloom y Benjamin Lahey (Barragán y Lozano 2011) que distingue cinco etapas en el desarrollo del lenguaje verbal:

  • Etapa prelingüística (del nacimiento al año)
  • Etapa de una palabra (del año a los dos años) 
  • Etapa del lenguaje telegráfico (del año y medio a los dos y medio)
  • Etapa de las frases y oraciones simples (de dos y medio a tres y medio) 
  • Etapa de oraciones complejas (entre los tres y cuatro años en adelante)

 La etapa prelingüística se ubica entre los 0 y 12 meses de edad. en esta etapa la comunicación se realiza a través de sonidos producidos principalmente por reacciones fisiológicas como el llanto, chasquidos con la lengua, suspiros o emisiones guturales y tienen que ver con necesidades básicas como atender malestares corporales, siesta y alimentación. 

Entre el segundo y sexto mes pueden aparecer vocalizaciones semi articuladas como los arrullos o canturreos que se consideran el primer intento voluntario para establecer contacto con el mundo; después pueden reconocerse sonidos silábicos como “pa”, “ma” o “ta” durante el balbuceo. 

La etapa de una palabra suele suceder alrededor del primer año, se considera a partir de la primera palabra monosilábica o bisilábica que se pronuncia; en esta etapa se pueden identificar claramente algunas vocales entre los balbuceos y relaciones entre las palabras o vocalizaciones del bebé y la situación que las provoca.

Entre los 12 y 18 meses pueden identificarse claramente palabras completas o emisiones que expresen alguna realidad concreta del ambiente, por ejemplo, la expresión “upa” puede utilizarse para pedir que le lleven en brazos. Al inicio de los 2 años debería observarse la capacidad para nombrar imágenes o señalarlas en una imagen, identificándolas cuando alguien las nombra. 

La etapa del lenguaje telegráfico se puede observar entre el año y medio y los dos años y medio. En esta etapa las emisiones del lenguaje incluyen sonidos articulados extensos y palabras completas sin conformar oraciones largas o muy elaboradas, se puede identificar el uso de sustantivos y verbos combinados con vocalizaciones incomprensibles que pueden dar la impresión de tener algún significado personal (como un lenguaje inventado o extraterrestre).

La etapa de frases y oraciones simples sucede alrededor de dos años y tres años y medio. En este periodo puede observarse la articulación de frases u oraciones breves y comprensibles que incluyan las funciones de sujeto y predicado. Se desarrollan habilidades para iniciar, seguir y cambiar un tema, se puede identificar la articulación clara de consonantes y diptongos como “ua” y “ue”.

La etapa de las oraciones complejas inicia entre los tres y cuatro años aproximadamente y se reconoce en la habilidad de establecer comunicación verbal fluida incluyendo frases extensas, comprensión y uso de metáforas, chistes y relatos coherentes.

En cuanto a la pronunciación: Entre los cuatro y seis años puede identificarse la articulación clara de consonantes complejas por su emisión como “j”, “r”, “g”, “p”, “b” o diptongos como “ie”. A los 5 años: “r”, “br”, “kl”, “fl”, “gl”, “kr”, “gr”, y diptongos “au”, “ei”; a los seis: “s”, “rr”, “pr”, “fr”, “tr” y diptongo “eo”.

 A partir de los cuatro años y hasta los diez se completan las competencias o habilidades lingüísticas que irán mejorando hasta los doce, debido a que es la etapa aproximada en la que se establece la lateralización cerebral, fenómeno en el que el un hemisferio del cerebro se establece como dominante debido a su desarrollo. El desarrollo del sistema fonológico en esa etapa favorece la emisión de sonidos complejos y la entonación clara.

Subjetividad, filosofía, psicoanálisis y lenguaje.

La voz pre y pos lingüística.

En otras dimensiones, el habla como forma de lenguaje, incluye algunos aspectos que por sus características son colocados en los límites del estudio de la lingüística, características que para otras áreas de estudio como la medicina, la música, la filosofía o la psicología pueden ser relevantes. 

La voz humana, una de las características más fascinantes de nuestro lenguaje, interviene en la mayoría de las interacciones sociales; el filósofo Mladen Dólar la califica de “omnipresente”, explicando que, a pesar del auge de las redes sociales y los medios virtuales de comunicación, son menos frecuentes las situaciones en las que prevalecen la lectura y la escritura como intermediarias de nuestra convivencia.

La voz implica una subjetividad. A través de sus características como el timbre, resonancia o su cadencia, podemos identificar a una persona e imaginar características como su estado de ánimo, su género o edad. La voz humana es como una huella digital, reconocible e identificable. 

La intención con que se emite una sola palabra puede iluminar nuestro día o sumirnos en la más profunda de las tristezas. La entonación, es decir el tono particular de la voz, su melodía, su modulación, su cadencia y su inflexión también pueden influir en la comprensión del habla. (Dolar, Mladen. 2007) 

La relación de la voz con los significados la define entre una gran variedad de fenómenos acústicos. Al principio de la comunicación podemos atender características como el timbre o el acento, pero al adaptarnos a ella nos concentraremos en el significado de lo que transmite. Así la voz se convierte en instrumento o medio y el significado en la finalidad o el propósito de su emisión. Con respecto a la lingüística o las ciencias del lenguaje, la voz no contribuye a producir sentido por lo que se considera un elemento extralingüístico de la comunicación que posibilita el fenómeno del habla a través de los fonemas. (Dólar, Mladen. 2007) 

Fuera del habla, la voz humana se incluye en el estudio de fenómenos considerados como pre y post lingüísticos:

Los fenómenos prelingüísticos, incluyen manifestaciones fisiológicas como la tos o el hipo, que ligan nuestras voces a la naturaleza animal, pero la distinguen cuando son dotadas de significado, como la tos que se utiliza para interrumpir una situación.

El balbuceo infantil se considera uno de los usos pre simbólicos de la voz, en él se observa la experimentación infantil antes de aprender a hablar. La palabra infante proviene de infans – que significa “aquel que no sabe hablar”. Esta producción vocal aparentemente desorganizada, va acomodándose por la necesidad y el placer de comunicar, asumiendo las normas de un código. El balbuceo vincula la voz con el significante, es un paso entre infante y hablante en el desarrollo del lenguaje.

Se tiene la suposición de que durante el balbuceo los infantes no se dirigen a alguien en particular. Jean Piaget habló del desarrollo de un discurso egocéntrico en el que falta la reciprocidad durante los primeros estadios infantiles. Por otro lado, el psicoanalista Jacques Lacan asegura que a pesar de que aún no se desarrolla la función: “tu” - “yo” en la que el lenguaje se dirige al otro propiamente, para el niño ya existen los otros y por esta razón vocaliza en volumen elevado. Considera que la voz humana no puede existir sin la presencia de otros en la percepción infantil y con ello asegura que los infantes, sin dirigirse a alguien en particular sí dirigen su discurso a alguien que pueda escuchar sus gestos sonoros. (Lacan, 1979 en Dólar, Mladen 2007)

Otro de los fenómenos pre simbólicos o prelingüísticos inarticulados de la voz es “el grito”, que se destaca por ser el primer signo de vida. Este fenómeno es abordado por Lacan en el contexto de lo que identifica como transformación del grito en llamado.

El grito puede ser causado por dolor, hambre, frustración o angustia, pero al ser escuchado por otro, provoca su interpretación y le incita a actuar en consecuencia. Así, el grito se convierte en llamado, se transforma en una palabra que se dirige a otro, cumpliendo la principal función de la palabra: “dirigirse a otro, demandar satisfacción”. Este grito provocado por una necesidad se convierte en una demanda que la supera, es un llamado de atención que busca una reacción del otro. De este modo, la voz se transforma en llamado y la necesidad se transforma en deseo, deseo del otro (Axioma básico de Lacan: el deseo es deseo del otro). Representa el proceso de enunciación antes de que el infante sea capaz de enunciar. (Lacan, 1979 en Mladen 2007)

La risa, una reacción fisiológica aparentemente cercana a la tos y al hipo, incluye sonidos parecidos a los que emiten otras especies. Como rasgo cultural, se considera único de la especie humana, así el ser humano podría considerarse “el animal que ríe”. Conjuga lo fisiológico y lo cultural. La risa suele surgir incontrolable a pesar de la intención del sujeto. Mladen Dolar considera que este fenómeno excede el lenguaje de forma presimbólica y post simbólica, debido a que la risa es una voz incapturable para la estructura y al mismo tiempo es un producto altamente cultural. 

Los usos pre simbólicos de la voz, como el balbuceo y el grito, coinciden con las voces fisiológicas (como el hipo y la tos), aparentemente se encuentran fuera de la estructura del lenguaje, sin embargo, representan el habla en sus rasgos mínimos, rasgos que serán opacados por la articulación. Estas voces no estructuradas son el comienzo de la representación simbólica.

Los fenómenos post lingüísticos de la voz se refieren a aquellas voces que van más allá del lenguaje, a un estilo vocal que necesita un condicionamiento más complejo. Las expresiones post lingüísticas son otro tipo de lenguaje altamente sofisticado; su adquisición depende de un entrenamiento técnico que tiene el poder de afectar universalmente a todos.

El canto es una práctica que coloca la voz en primer plano a expensas del significado; puede difuminar la palabra y volverla incomprensible desplazando al significante, invirtiendo la jerarquía al hacer de la voz un medio portador de algo que las palabras no pueden expresar. El canto introduce códigos y criterios propios. Es el lugar donde lo indecible puede expresarse. La voz dotada de profundidad, que al no significar parece significar más que las palabras, es en apariencia portadora de algún significado que se perdió con el surgimiento del lenguaje. Una ilusión de trascendencia que acompañó la historia de la voz como agente de lo sagrado.

Ninguna de estas formas de la voz: tos, hipo, balbuceo, grito, risa y canto se consideran lingüísticas, no se someten a la fonología, pero encarnan su grado cero: en ellas la voz apunta al significado, aunque no pueda articularse. (Dólar, Mladen 2007)   


En cuanto al Desarrollo del lenguaje

Beatriz Borjas (2007) Explica que antes de que el niño exprese sus primeras palabras, la madre o la persona a cargo de cuidarle, crea una estructura de acciones recíprocas predecibles que sirven como microcosmos para comunicarse y construir una realidad compartida. Estas interacciones constituyen la entrada o input del que parten el conocimiento de la gramática, la forma de referir, de significar y de realizar nuestras intenciones comunicativamente. Mientras la capacidad para las acciones inteligentes tiene profundas raíces biológicas y una clara evolución histórica, la forma en que se utiliza el lenguaje depende de la apropiación que haga el individuo en cuanto a modos de actuar y de pensar, que no existen en sus genes sino en su cultura.

La pauta de respuestas sociales iniciales, congénitas en el niño, se producen como respuesta ante signos o señales maternas como sus latidos cardíacos, la constitución de su rostro, mirada, aroma, el sonido y ritmo de su voz. En conjunto estas señales se convierten en un sistema de unión complejo y anticipatorio que convierte el vínculo biológico inicial de la madre y el niño en algo más sutil y sensible a las idiosincrasias individuales y a las formas culturales.

Mariana Groisman y Alfredo Jerusalinsky aseguran que, en cuanto al desarrollo del lenguaje, la voz de la madre junto con los cuidados corporales son elementos fundamentales a través de los que el niño comienza a percibir el elemento sonoro de la lengua y que este aspecto sonoro de la lengua materna corresponde con un código cultural que queda ligado a las experiencias primitivas del pequeño.

Durante las primeras semanas de vida los bebés ya son capaces de imitar gestos faciales y motrices, presentan angustia cuando la madre no es visible durante la alimentación y son sensibles a sus expresiones. Uno de los estímulos más poderosos para el aprendizaje es la respuesta social, una respuesta social negativa a las iniciativas del niño es una de las cosas más perjudiciales para su desarrollo. Los niños están adaptados a responder a la voz, rostro, gestos y acciones humanas. Un rostro inexpresivo puede producir sufrimiento y llanto. El medio principal que posibilita que el bebé logre sus fines es otro ser humano.

Mientras el vínculo con la madre o la persona responsable del cuidado infantil se asegura a través de la ya mencionada serie de respuestas innatas, se desarrolla también una reciprocidad de acciones y gestos con la que el niño cuenta y es capaz de anticipar. Esta reciprocidad se apoya de la capacidad materna creciente de diferenciar las razones del llanto, y la capacidad del infante para anticipar sus acciones, creándose así una forma de atención mutua, una armonía intersubjetiva.

Groisman y Jerusalinsky aseguran que la percepción acústica de las palabras oídas dejará restos mnémicos en el aparato psíquico del bebé, que acompañando la imagen visual de la presencia de la madre se constituirán en marca o rasgo personal.

Considerando al lenguaje como un sistema de signos en un orden simbólico, la palabra, que tiene un origen sensorial (por su percepción acústica), se ordena de acuerdo con un funcionamiento simbólico ejercido por quién habla al tratar de hacer participar al otro, estableciendo una relación dialéctica. En esta relación la madre-cuidador ocupa el lugar de quien habla, pero debe ser también el lugar de escucha para que el pequeño o la pequeña puedan definirse como sujetos del lenguaje.

Los comienzos del lenguaje se encuentran en las primeras emisiones sonoras que buscan recuperar a la madre frente a su desaparición real. A través de este juego de presencia y ausencia se produce el vacío necesario en beneficio del símbolo: “Hace falta que el objeto deseado no esté para que pueda ser llamado por su nombre.” 

Por otro lado, la figura paterna funciona como límite, establece un obstáculo necesario en la relación dual, introduciendo al niño en el mundo del lenguaje: “la cultura”. Esta función paterna participa como mecanismo estructurante que en palabras de Groisman y Jerusalinsky “separa a Narciso de su imagen”, imponiendo un lugar vacío para que surja el deseo y la posibilidad de desarrollar el lenguaje.  

En condiciones normales un niño desarrollará gradualmente su lenguaje por la presencia de los otros que le hablan y esperan de él una respuesta, estableciendo la relación dialéctica donde existe alguien que pregunta y alguien que responde.

Es gracias al lenguaje que el ser humano se constituye como sujeto, en tanto se asume en lo que dice, se plantea individualmente. De ahí surge la subjetividad, un locutor que se revela como sujeto diciendo “YO” y demanda de quien le escucha situarse en el lugar del “TU”, llevándole a asumirse también como “YO” al tener que responder hacia la condición de diálogo. A través de estos dos pronombres “YO” y “TU” se despliega la subjetividad. El sujeto se vuelve activo al estar presente en lo que dice.

“La lengua”, esa totalidad a la que se refiere Saussure, mencionada al inicio, hace posible esta subjetividad, y “el discurso” su realización o efectividad. Discurso que siempre tiene un otro a quien dirigirse incluso durante los soliloquios.

“El lenguaje” como simbolización (segundo aspecto considerado por Saussure), pasa de la acción a la verbalización. Implica un sujeto deseante “YO” y uno receptivo “TU” quien al responder interpone la palabra al deseo imponiendo una distancia a la obtención del objeto deseado. El niño pide: “A” y el otro responde: Ah! ¿Quieres el avión?, representando mediante la palabra el objeto de deseo sin entregarlo de inmediato; apertura un intervalo latente, de espera; ubica a la palabra como un objeto que posterga la acción. Esta palabra dice “No” a la acción y “Sí” al deseo. Así el deseo es verbalizado y se inicia en el diálogo, si no, la acción se consume sólo en el hacer. “Hay que pasar del hacer al ser en el lenguaje” porque en el hacer el niño obtiene las cosas y se consume en las cosas sin dar lugar a la simbolización. El No a la acción posibilita el quiero a través del lenguaje.  

Las palabras representan los objetos ausentes. Entonces el lenguaje es creatividad y para Groisman y Jerusalinsky este aspecto creador diferencia el lenguaje humano del de otras especies.

El zoólogo Desmond Morris (1967) explica que las reacciones rítmicas del llanto se manifiestan desde el nacimiento, la sonrisa aparece después y la risa y los berrinches hasta el tercer o cuarto mes aproximadamente. Así, grito, sollozo, risa, rugido, gemido y llanto transmiten los mismos mensajes a todos en todas partes, igual que los sonidos de otras especies animales, que también están relacionados con estados emocionales básicos y nos dan una impresión de la motivación de quien vocaliza. Pero asegura que el asombroso ritmo de aprendizaje en cuanto a la imitación vocal es exclusivo de nuestra especie y uno de nuestros grandes logros debido al nivel de sofisticación alcanzado ante la necesidad de establecer una comunicación más precisa y eficaz durante actividades como la caza cooperativa, acumulación y almacenaje. 

En un experimento se intentó enseñar a un chimpancé el lenguaje humano, criándole en una casa con las condiciones idénticas a las de un niño de nuestra especie donde se le expuso a una combinación de diferentes estímulos para enseñarle a pronunciar palabras sencillas. A los dos años y medio podía pronunciar “mamá” “papá” y “cup” cuando quería beber agua, pero a los seis años, cuando un niño de nuestra especie conoce y pronuncia más de dos mil palabras, su vocabulario estaba conformado únicamente por siete. Desmond atribuye la diferencia a una condición cerebral, ya que el aparato vocal del chimpancé cuenta con la capacidad de producir una gran variedad de sonidos debido a su estructura. El zoólogo también menciona pájaros con capacidades de imitación vocal sorprendentes, como los loros o los cuervos pero que, debido a su constitución encefálica, se limitan a replicar las complejas series de sonidos que se les enseña.

Hablar sobre la capacidad de lenguaje en otras especies requeriría la participación de alguna persona con experiencias en el tema, y una búsqueda de información más extensa, aquí pretendía solamente articular algunas fuentes para compartir información básica pero relevante sobre el fascinante fenómeno del lenguaje.

Para concluir me gustaría mencionar un par de estudios en los que se observaron algunas dificultades en la expresión del lenguaje oral y escrito, debido a situaciones de abuso como el maltrato infantil, o a la intervención o ausencia de algún programa de estimulación lingüístico-cognitiva que favorezca los procesos de aprendizaje.

En el primer estudio se reportan resultados en los que la baja autoestima coincide con dificultades comunicativas como adaptación del lenguaje al contexto y uso de vocabulario limitado, situaciones que afectan la comprensión de contenidos y el aprendizaje académico. En el segundo estudio se observaron las diferencias en la calidad del aprendizaje de dos grupos infantiles expuestos o no a un programa de estimulación.   

Como plantea Vygotsky, la influencia del ambiente está relacionada con el desarrollo del habla y el lenguaje; en algunos ambientes los retrasos en el desarrollo del lenguaje pueden ser más comunes que en otros y se relacionan con dificultades de aprendizaje. Situaciones como el aislamiento severo y el maltrato infantil están vinculadas con retrasos considerables en el desarrollo. También se ha observado relación entre los retrasos en el desarrollo del lenguaje y dificultades en la adquisición de la lecto – escritura. (Barragán y Lozano 2011)  

Los niños criados en ambientes carentes de afecto son propensos a presentar rasgos patológicos. En el artículo de la investigación se mencionan algunas de las principales consecuencias del maltrato infantil como deficiencias graves en la adquisición y desarrollo del lenguaje, dificultades en su utilización durante los procesos de comunicación oral y escrita, incapacidad para abstraer y generalizar conceptos, vocabulario reducido y redundante, inhibición de la espontaneidad, recurrencia a la agresividad verbal ocasional o frecuente, atención dispersa, inconstante y débil que limita el razonamiento lógico; efectos en la lateralidad que provocan confusiones entre izquierda y derecha, en la orientación espacial y temporal, carencias de identidad personal, inseguridad, baja autoestima, tendencia a desarrollar trastornos afectivos y actitudes defensivas. (Moreno y Rabazo 2006) 

Para diagnosticar un trastorno o necesidades de atención en cuanto al desarrollo del lenguaje, el neurólogo Eduardo Barragán y la especialista en neurolingüística Stephany Lozano (2011) recomiendan entrevistas que indaguen sobre antecedentes de salud y aspectos emocionales, sociales y familiares; hábitos y rutinas de alimentación y sueño. Además, recomiendan observar directamente la emisión lingüística y las actitudes infantiles en actividades como el juego; aplicar pruebas y Tests psicométricos para determinar la etapa de desarrollo en que se encuentra el niño o la niña. 

En el primer estudio que mencioné anteriormente se realizó una Intervención psicopedagógica en niños maltratados para estimular el desarrollo de lenguaje. Para su evaluación o diagnóstico se aplicó la “Batería de lenguaje objetiva y criterial BLOC” en sus dos versiones: Screen (Puyuelo, Renom, Solanas y Wiig, 2002) y completa BLOC – C (Puyuelo, Wiig, Solanas y Renom, 1998), con el propósito de detectar deficiencias en cuatro aspectos del lenguaje: morfología, sintaxis, semántica y pragmática, que permiten evaluar de forma general el nivel lingüístico y comunicativo infantil. (Moreno y Rabazo 2006).

Entre los resultados de este estudio se informan evidencias de retraso importante en el lenguaje, con dificultades muy marcadas en el aspecto pragmático como grandes dificultades por parte de los niños para solicitar atención e información específica, para usar interrogativos o responder ante enunciados muy extensos, dificultades en el proceso de percepción y atención; carencias en el repertorio verbal, dificultades para empatizar y solicitar las cosas con cortesía, dificultades para realizar aclaraciones o expresar disgusto o desacuerdo y tendencia a los rodeos.       

En el segundo estudio: “Estimulación de los centros cerebrales del habla y el lenguaje en adquisición de lectoescritura en niños de 4 a 6 años.”, se validó un modelo de procedimientos de estimulación de los centros cerebrales del habla y el lenguaje para acelerar el aprendizaje de la lectoescritura y disminuir el riesgo de no aprendizaje. El modelo incluía actividades pedagógicas, rehabilitación de funciones individuales, consulta clínica grupal e individual.

Entre los resultados obtenidos se reporta un incremento considerable en la “edad psicolingüística” del grupo sujeto a intervención y la disminución de riesgo de no aprendizaje. Mientras que el grupo control (grupo que no recibió la estimulación a través del programa) presentó un incremento en el riesgo de no aprendizaje. (Montalvo, José 2014)  

En la publicación sobre estimulación neuropsicológica mencioné que este tipo de atención consiste en un conjunto de actividades que se realizan con el propósito de mejorar el rendimiento neurocognitivo general o alguno de sus procesos específicos y que se recomienda especialmente cuando existen deficiencias en alguno de los aspectos del desarrollo humano durante cualquier etapa de nuestro ciclo vital. (Muñoz Elena et al 2009)


En cuanto al desarrollo del lenguaje y sus necesidades de atención existen áreas especializadas como la fonoaudiología, foniatría, psicolingüística y terapia de lenguaje. Eduardo Barragán y Stephany Lozano (2011) mencionan que a través de estas especializaciones pueden atenderse desde situaciones sencillas como la dificultad para articular un fonema o emitir los sonidos específicos de vocales y consonantes, hasta situaciones complejas como las dificultades para comprender mensajes durante los procesos de comunicación.

En el programa de intervención del primer estudio se incluyó la estimulación, reorganización y reestructuración del lenguaje, fomentando la participación de tutores y familiares para mejorar la expresión y comprensión infantil, y favorecer el desarrollo afectivo y emocional de los menores. (Moreno y Rabazo, 2006)

Entre algunas de las actividades de estimulación que se incluyeron se mencionan:

  • Identificación y reforzamiento de reglas gramaticales conocidas por las y los niños.
  • Enseñanza de estructuras gramaticales útiles y funcionales.
  • Actividades de imitación y modelado como repetición de oraciones sencillas, identificar imágenes representativas de algunas frases o mencionar las frases que coincidían con la imagen señalada por el terapeuta; completar frases complejas, construir frases a partir de imágenes observadas, identificar frases mal estructuradas explicando el error y proponiendo la forma adecuada; formular preguntas y respuestas que incluyan las formas gramaticales menos empleadas u omitidas por las y los niños; formular oraciones subordinadas; fomentar conversaciones que incluyan hechos sucedidos en diferentes temporalidades (presente, pasado, futuro) y diferentes figuras gramaticales (artículos, adverbios, preposiciones, etc.)

 Con respecto a la semántica:

  • Nombrar objetos y describir sus características; establecer semejanzas y diferencias entre objetos de uso común (ej. Rueda - pelota); clasificar palabras de acuerdo con algún criterio como las analogías (blanco es a nube como azul es a…); describir el significado de algunas palabras por el uso del objeto mencionado (ej. silla – objeto que sirve para sentarse); inventar historias a partir de varias imágenes, identificar los conceptos contenidos en una historia (ej. Arriba, jugar, silencio, nocturno) 

En el aspecto pragmático se mencionan actividades como:

  • Desarrollar “Juegos de rol” en los que las y los niños representan actividades de convivencia cotidiana como hablar por teléfono, negociar una compra, pedir algún favor, saludar, despedirse y conversar, asumiendo diferentes papeles que les permiten verbalizar sentimientos y emociones para aprender a seguir el ritmo de una conversación e interactuar con otras personas.
  • Añadir viñetas con diálogos imaginarios sobre las situaciones ilustradas en una imagen (como en los cómics).
  • Resolver situaciones hipotéticas como explicar la forma segura de caminar en la calle cruzando avenidas o carreteras. Explicar las instrucciones de algún juego conocido, explicar lo que piensa y siente el personaje de alguna imagen en una situación determinada para desarrollar empatía.
  • Entrenamiento parental en habilidades comunicativas y de interacción con sus hijas e hijos, como el fomento de la comunicación clara y directa entre los miembros de la familia, incrementar la frecuencia de convivencia familiar, expresión de sentimientos, enseñanza de habilidades para la estimulación infantil y para demostrar afecto adecuadamente; habilidades como la escucha atenta a los niños y evitación de conductas como la amenaza.
  • En el segundo estudio se menciona el desarrollo de habilidades neuro psicolingüísticas a través de un programa que incluía la estimulación de los centros cerebrales del habla y el lenguaje. (Montalvo, José 2014) 

Entre las actividades se mencionan:

  • Actividades de habilitación del lenguaje para la lectura presentando imágenes.
  • Ingreso de fonemas, sonidos de letras y familias silábicas.
  • Lectura de palabras y frases.
  • Actividades de rehabilitación de funciones guiadas por controles clínicos. 

Entre otras actividades que podrían recomendarse existen ejercicios que fortalecen el funcionamiento del aparato fonador y los músculos faciales, incluyendo partes del cuerpo y órganos como los labios, la lengua y los pulmones; ejercicios para coordinar la respiración y el habla. Para atender la fluidez y comprensión de mensajes también se recomienda la atención clínica. (Barragán y Lozano 2011). Las características de las terapias para la estimulación del lenguaje, como duración y frecuencia, dependen en general, de las necesidades infantiles específicas. Para ampliar la información sobre este tema puedes consultar alguno de los enlaces en la sección de referencias.

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