Inteligencia emocional

 

Desde la primera publicación consideramos el ciclo de vida humano como un eje a través del que las personas en aprendizaje constante, desarrollamos habilidades que nos permiten adaptarnos a los cambios. Estas habilidades se estudian a través diferentes áreas del conocimiento para diseñar estrategias que atiendan las necesidades específicas que nos permitan alcanzar metas, individuales y colectivas. 

Ante estas necesidades surge el Proyecto “Potencial Humano” como una estrategia que busca beneficiar la educación de personas con dificultades de aprendizaje, basándose en la consulta de documentos históricos, filosóficos y científicos, organizando además talleres internacionales para conocer los conceptos de desarrollo humano en diversas culturas. Como parte del proyecto se incluye la teoría de las inteligencias múltiples, propuesta por el psicólogo Howard Gardner quien considera evidencias neurológicas, evolucionistas y transculturales para describir la mente humana como una entidad que se estructura interrelacionando áreas generales de actividad.

Hablar de inteligencia actualmente implica considerar factores como las inclinaciones, potencialidades, oportunidades y limitaciones que caracterizan un ambiente cultural determinado. Depende no solo de la persona a quien se refiera sino a quienes le rodean y los recursos de los que dispone. (Gardner Howard 2016)

La inteligencia puede evaluarse con propósitos de investigación científica principalmente, a través de medios como pruebas escritas o equipos de electrofisiología; para fines educativos, es preferible incluir la observación del desempeño individual en las actividades que le son comunes como conducir, pintar, practicar algún deporte, oficio o actividad profesional, incluso durante el juego. Por esta razón el autor de las inteligencias múltiples considera conveniente hablar de varias inteligencias que pueden estar relacionadas entre sí, que se desarrollan en mayor o menor grado y pueden modificarse.

La Inteligencia emocional como tal, fue propuesta por Daniel Goleman; se define como el conjunto de habilidades con las que regulamos nuestros estados de ánimo en cualquier situación evitando que las emociones impidan el pensamiento lógico y racional, la empatía, asertividad y paciencia. Este conjunto de habilidades incluye persistencia, automotivación, entusiasmo, autocontrol y capacidad para retardar la gratificación. En varias investigaciones se ha demostrado que la inteligencia emocional está muy relacionada con la adaptación, satisfacción con la vida, calidad en nuestras relaciones interpersonales y consecución de metas. También puede influir en los niveles de estrés, ansiedad y depresión. (Goleman, 1995 en Bermúdez et al 2003).

En general, la inteligencia emocional se relaciona con la percepción de bienestar psicológico y estabilidad emocional, nos permite reconocer momentos y lugares apropiados para expresar una emoción o contenerla, percibir situaciones de riesgo o saber que nos encontramos a salvo, apreciar la belleza y vincularnos emocionalmente con el ambiente (Suárez P., Isabel Mendoza, Beatriz, 2008).

Las emociones son respuestas que experimentamos ante cualquier acontecimiento de la vida; las expresamos en mayor o menor medida a través de la conducta. Toda emoción inicia con un estímulo, es decir la situación que la provoca, esto genera cambios en nuestro organismo para preparar respuestas como sonreír, gritar, llorar, huir o defenderse.

Al inicio de nuestra existencia la expresión de emociones es algo espontaneo, sucede sin mayor barrera que nuestra constitución biológica; conforme aumentan nuestras interacciones humanas, modificamos sus expresiones gracias a que aprendemos las formas comunes de interactuar con el ambiente. Así, donde en un principio hubo llanto, puede haber después la capacidad para expresar necesidades verbalizando.

En el mejor de los casos serán los lenguajes simbólico y verbal las formas más adecuadas para expresar nuestras emociones, sin embargo, algunas son más difíciles de regular debido a su intensidad, a razones en las que aún no reflexionamos o para las que no hemos aprendido una expresión más adecuada.

Existen varias estrategias que favorecen la autorregulación de nuestras emociones, un método sencillo que presenté en la entrada anterior de este blog incluye:

  • Reconocimiento. Identificar los elementos que componen nuestras emociones como sensaciones físicas, pensamiento, conductas y la consideración de sus efectos en el ambiente incluyendo a otros. Puede realizarse a través de la autorreflexión, en privado o dirigida por algún profesional si se considera necesario.
  • Expresión. Esta actividad necesita mucha concentración y perseverancia ya que se pone en práctica una vez que se han identificado las características de alguna emoción en particular y las alternativas que tenemos para expresarla, controlando nuestros impulsos una vez que las sensaciones físicas aparecen.
  • Aprendizaje. Es el resultado esperado de las dos actividades anteriores, implica regular conscientemente la expresión de alguna emoción, modificando las actitudes y conductas que presentamos antes del proceso reflexivo. Saber que se ha aprendido implica la repetición constante de las formas de expresión deseadas hasta llegar a un punto en que sea poco probable que las formas anteriores aparezcan, aunque puede suceder. Este aprendizaje se verá reflejado en nuestras relaciones con el entorno, si mejoran y sentimos satisfacción probablemente se refuerce.


Estas actividades pueden ser favorecidas por prácticas como el deporte, la creatividad, la meditación y la más importante probablemente: el seguimiento profesional. En psicología existen diferentes modelos de atención, encontrar uno que oriente y resuelva las situaciones que sabemos nos impiden conseguir nuestras metas y vivir una vida plena puede ser una ventaja ante las dificultades cotidianas de nuestro ciclo vital.  

Si quieres saber más sobre las teorías de las inteligencias múltiples e inteligencia emocional y los tipos de intervención que existen puedes encontrar en línea algunos videos con entrevistas directas a los autores, sus publicaciones o artículos de investigación y divulgación científica. En las referencias incluyo las citas de un libro y dos documentos que puedes consultar online, cada uno con una perspectiva y abordaje diferente.    



Referencias

  • Bermúdez. María Paz; Álvarez, Teva, I.; Sánchez, Ana (2003) Análisis de la relación entre inteligencia emocional y bienestar psicológico. Universitas Psychologica vol. 2 pp. 27-32 Bogotá. Consultado el 10 de septiembre del 2020 en: https://www.redalyc.org/pdf/647/64720105.pdf
  • Gardner, Howard (2016) Estructuras de la mente: La teoría de las inteligencias múltiples. Fondo de cultura económica. México 
  • Suárez P., Isabel; Mendoza, Beatriz (2008) Desarrollo de la inteligencia emocional y de la capacidad para establecer relaciones interpersonales e intrapersonales. Laurus, vol 14 no. 27 pp. 76-95, Caracas. Consultado el 10 de septiembre del 2020 en: https://www.redalyc.org/pdf/761/76111892005.pdf

 

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